Serra de Tramuntana 2

Sierra de Tramuntana, Mallorca. Va a llover.

Paul Krugman escribió este artículo, The fall and rise of developments economics,  una historia interesante sobre las metáforas y los modelos en la economía. Algunos economistas, ya casi extinguidos, intentaban explicar la realidad mediante metáforas. Otros, los modernos, y que ahora dominan la academia, lo hacen mediante modelos, que significan una simplificación de la realidad (y que los profanos no entendemos porque están escritos en griego), pero que tienen una base matemática que refuerza su argumentación.

Krugman cree que unos y otros deben convivir, y  pone un ejemplo clarificador:  la sabiduría popular siempre ha dicho que se puede predecir el tiempo observando el cielo. La meteorología, cuando se desarrollaba como ciencia a finales del siglo XIX y XX, dejó de prestar atención al aspecto del cielo para basarse sólo en modelos. Lo que el populacho sabía por intuición y experiencia, se abandonó. No fue hasta 1919 cuando un grupo de científicos noruegos se dio cuenta de que las observaciones populares tenían razón y era posible predecir el desarrollo de una tormenta por la altura y forma de las nubes.

Krugman critica así la simplificación que la economía hacía de la realidad, a la que se pretendía representar con modelos sencillos, mientras ignoraba la realidad misma, mucho más compleja, y que a veces es difícil de representar mediante modelos.

Paul Streeten escribe, en este otro artículo, que la economía antes la escribían escoceses en inglés, y que ahora la escriben húngaros en matemático. Habla, entre otras cosas, sobre la necesidad de que los economistas sean capaces de explicarse en prosa y hacerse entendibles:

In educating economists, we should sacrifice some of the more technical aspects of economics (which can be learned later), in favour of the compulsory inclusion of philosophy, political science, and economic history. Three reasons for these interdisciplinary studies are given here. In the discussion of the place of mathematics in economics, fuzziness enters when symbols a, b, c are identified with individuals, firms, or farms. The identification of the clear cut symbol with the often ambiguous and fuzzy reality invites lack of precision and blurs the concepts. If the social sciences, including economics, are regarded as a “soft” technology compared with the “hard” technology of the natural sciences, development studies have come to be regarded as the soft underbelly of “economic science”. In development economics, the important question is: what are the springs of development? We must confess that we cannot answer this question, that we do not know what causes successful development.

Dani Rodrik, por su parte, explica en su blog que eligió estudiar economía y no ciencias políticas porque así podía entender las revistas de la primera, que estaban escritas en griego (alusión a cómo se escriben las ecuaciones):

I remember well what settled it for me. One day in the library, I picked up copies of the flagship publications of the two disciplines–the American Political Science Review and the American Economic Review–and put them side by side.  One was written in English, the other in Greek. I thought that if I did a PhD in economics, I would be able to read both journals, but that if I did a PhD in political science, it would be goodbye economics.  That was my epiphany. (I should add that many political science programs now provide solid technical training that no longer leaves the AER beyond reach–but that was not true at the time.)

Yo no estudié economía, y siempre he lamentado no tener suficiente base matemática como para entender los artículos en griego (digresión: a la anciana tía de una amiga le llamaba la atención la popularidad de esta lengua, junto con el tailandés, en los anuncios clasificados. No podía imaginar que tanta gente quisiera aprenderlas, ni por qué aparecían en la sección de contactos).

La mayor parte de los que nos dedicamos a la cooperación en el mundo latinoamericano hablamos el lenguaje de las nubes, a diferencia del mundo anglosajón, donde hay abundancia de economistas del desarrollo y se comunican entre ellos en griego. No significa, como decía Krugman, que nuestra visión, la de las nubes, esté equivocada, pero una mayor profundidad en nuestros análisis es deseable. Sería útil hacer un esfuerzo de aproximación entre la Universidad, donde se estudia la economía del desarrollo, y el resto del mundo de la cooperación hispanoamericano para aportar, unos rigor, y otros la intuición basada en la experiencia. En la Universidad faltan grandes maestrías en español sobre desarrollo. Hay pequeñas maestrías, esfuerzos locales, encomiables todos, la mayoría de universidades pequeñas; pero qué bien estaría contar con algún gran instituto como pueden ser el Imperial College de Wye o el IDS de Sussex, ambos en la Gran Bretaña, o el MIT en Harvard, y tantos otros, donde se habla griego y también el lenguaje de las nubes.

Un marco lógico es una representación de la realidad tal como creemos que va a funcionar. Si realizamos la actividad a, conseguiremos el resultado b, que contribuirá al objetivo general c. Y por si acaso ponemos unas hipótesis que nos ponen en guardia frente a los riesgos que corremos. Estos riesgos suelen pecar de poco realistas, quizá porque si lo fueran los donantes se negarían a financiar los proyectos.

Parafraseando a John Lennon, la realidad es aquello que te sucede mientras tú intentas que se cumpla el marco lógico. Como pocas veces coincide la una y el otro, la academia ha intentado explicar lo que de verdad pasa mediante sistemas complejos, teoría del cambio y otras novedades que darán trabajo a mucho personal académico que esté a la última. Sin embargo, la realidad está mucho más a ras de suelo. En este divertido artículo, el  cínico pero  agudo Bill Easterly habla de lo que realmente pasa en un proyecto de distribución de mosquiteras:

A manager of an aid project must figure out how to get these people to do what is necessary to get the desired results. The manager (who also has complicated motivations) must adjust when the original blueprint runs into unexpected problems, which again relies more on acquired tacit knowledge than on science. (How to keep the bed net project going when the nets were first impounded and delayed at customs, the truck driver transporting the nets got drunk and didn’t make the trip, the clinic workers are off at a funeral for one of their coworkers, the foreign volunteer is too busy writing a blog and smoking pot, and the local village head is insulted that he was not consulted on the bed net distribution.) Certainly something similar is true also in running a private business or starting a new one – there is no owner’s manual for entrepreneurship.

Y aquí entramos en lo que nos interesa. Ya en este artículo, Schumacher vigilando novillos, les hablaba de la necesidad de estar atento a lo que de verdad pasa antes que en la medición de los indicadores (sin que haya que descuidar esto último, sino que hay que ocuparse de todo). El caso es que los proyectos se pierden por tonterías como las que describe Easterly.

Para quienes trabajan en sedes de ONG desde un país del norte, y quiere saber qué pasa ahí donde tiene el proyecto, hay una larga cadena.  Entre la dirección de la organización del norte, pasando por el personal técnico, repitiendo los mismos eslabones en el sur, hasta llegar al técnico que se bajará del coche y entregará un producto o un servicio a los beneficiarios, pueden pasar muchas cosas. Pensar que los comportamientos de todos los actores de la cadena de la cooperación son perfectos es como creerse la economía neoclásica basada en la competición también perfecta. Muchos de los participantes tienen intereses distintos, entre los cuales puede no estar ofrecer el mejor servicio. Esto es lo que estudia la parte de la economía institucional llamada “relación principal-agente”. Owen Barder lo resume bien en este artículo:

All organisations suffer from principal-agent problems. This is economists’ way of saying that the interests of the staff of the organisation are not exactly the same as the interests of the owners or the funders, and with imperfect information and incomplete contracts it is not always possible to ensure that the interests of the funders are being fully pursued. Principal- agent problems are typically compounded in a public administration because (a) public organisations generally try to manage multiple objectives; (b) there are more difficult problems measuring output and performance in the delivery of public services than there are in strictly commercial enterprises; and (c) it is usually more difficult to create effective performance incentives in public organisations (Bendor, 1988; Moe, 1997). In aid delivery the principal-agent problems are exacerbated by long delivery chains. Aid will frequently pass from the donor to multi-donor consortiums, to managing agents and implementing agents before it reaches the ground; and each of these organisations has its own interests that it will pursue alongside the goals of the funder.

Me gustaría investigar este tema, de tener el tiempo. Como no lo tengo, lo ofrezco desinteresadamente a estudiantes de posgrado dispuestos a responder esta pregunta mediante una investigación seria: ¿hay diferencias significativas de eficacia entre cadenas de actores largas –ONG que trabajan con contraparte en el sur- con las que trabajan directamente? Si ya hay algo escrito, agradezco la información.

Cuando queremos ejecutar un proyecto de agroindustria, un centro de acopio o cualquier otro que implique gente organizada, tenemos que cuidar especialmente el proceso de discusión con la gente.

De la misma forma que no se puede imponer una democracia (véanse los casos de Irak o Afganistán), organizar una cooperativa tiene que ser un proceso largo y dirigido por su propia membresía (vistoso americanismo que tenía ganas de usar). Esto es obvio, y para eso no hace falta molestar con un artículo. Pero se trata de una excusa para que echen un vistazo a estos dos videos (proceden de este recomendable artículo del blog de Dani Rodrik, quien lamentablemente ya no escribe) que muestran por qué no son siempre las reglas escritas las que funcionan. Como promotores de proyectos, solemos hacer hincapié en que las cooperativas dispongan de reglamentos, cuando deberíamos fijarnos más en si la gente se entiende de forma más o menos natural. Pero claro, fijarse en esto lleva tiempo, y no lo tenemos. En el primer video,  miren cómo funciona el tráfico en Vietnam, sin reglas escritas. Ojalá todas las organizaciones funcionaran así:

Y luego miren este video sobre Rusia. Esclarecedora comparación. Ojo, este artículo no está en contra de la existencia de reglamentos, sino a favor de procesos largos y naturales de discusión.

Sergio Fernández ha escrito este interesante artículo sobre el premio Nobel otorgado a Elinor Ostrom, por su trabajo sobre la gestión de los bienes comunes. Es un área de la economía que tiene mucha importancia en la cooperación para el desarrollo: muchos de los bienes a los que tienen acceso los pobres son comunes, y de su gestión depende gran parte de su sustento. Bienvenido sea este premio para la sra. Ostrom.

Columela

“… Pero sin agricultores es evidente que los hombres no pueden subsistir, ni
comer. Por ello me parece monstruoso lo que viene sucediendo, que una ocupa-
ción de la máxima importancia para la salud de nuestros cuerpos y el provecho
de nuestra vida, como es la agricultura, haya ido teniendo hasta nuestro tiem-
po un perfeccionamiento mínimo, a la vez que se ha venido despreciando esta
forma de ampliar y legar capital que carece de toda maldad.”

“De los trabajos del campo”
(L. J. M. Columela)

Columela escribió esto hace dos mil años. Era un tribuno nacido en Cádiz que dedicó gran parte de su vida a la agricultura. Su gran preocupación era la mejora técnica, y escribió mas de una docena de libros. En la biografía que se puede encontrar en wikipedia dice:

De su obra escrita nos han llegado De re rustica (Los trabajos del campo) y Liber de arboribus (Libro de los árboles). En la primera de estas obras, dividida en doce libros, e inspirándose en obras anteriores de Catón el Viejo, Varrón y otros autores latinos, griegos e incluso cartagineses, trata sobre todos los trabajos del campo en el más amplio sentido de la palabra: desde la práctica de la agricultura, la ganadería y la apicultura, hasta la cura de animales, pasando por la elaboración de distintos productos y conservas. En el libro de arboribus trata de cultivos arbustivos como la vid, hasta árboles como el olivo o los frutales, e incluso flores como la violeta o la rosa. La obra de Columela es considerada el repertorio más amplio y documentado sobre agricultura romana.

En google libros se puede consultar una traducción de 1824. Se puede bajar gratis aquí (son 23 megas, pero bajan rápido) y se puede disfrutar leyendo en pdf las mejoras que proponía.

La amplia disponibilidad de plástico en muchos países ha facilitado el desarrollo de un método de conservación de grano que no necesita insecticidas. Consiste en envolver una pila de sacos en plástico, hacer el vacío con una bomba de aire, e introducir después dióxido de carbono. El método está descrito en detalle en este artículo (2005 FFTC , en inglés, pero con fotos muy descriptivas).

Las visitas que recibe este blog son en su mayor parte para cuestiones relacionadas con centros de acopio. Para ver todo lo que se ha publicado, haz clic en el apartado de categorías de la derecha. Ahí está todo.

Dice Umberto Eco que para resolver algunos problemas debemos demostrar que no tienen solución. Es el caso del fósforo y la agricultura. El fósforo, junto con el nitrógeno y el potasio, es un elemento básico que las plantas necesitan para crecer. Este es el ciclo del fósforo:

Ciclo del fósforo

Ciclo del fósforo

El fósforo no se puede fijar tomándolo del aire, tal como hacen las leguminosas con el nitrógeno. El que hay en el suelo es aquel con el que se cuenta . Los árboles lo pueden extraer de más profundidad, y lo depositan en la superficie del suelo, donde pueden utilizarlo otras plantas. La minería aporta otra gran parte, de los yacimientos de fosfatos. De ahí se aplican a los cultivos, y por escorrentía terminan en el mar. Ahí empieza parte del problema.

En el artículo A safe operating space for humanity, aparecido en Nature, se habla de los límites que la humanidad no debe superar. En cuarto lugar aparece el ciclo del fósforo: estamos arrojando demasiados fosfatos, la mayoría procedentes de la agricultura, a los océanos. El artículo dice que entre ocho y nueve millones y medio de toneladas acaban en el mar. Si sobrepasamos los once millones, se puede producir una falta de oxígeno grave que produciría una gran extinción de especies, y el agravamiento del cambio climático por pérdida de capacidad de éstos para absorber dióxido de carbono. Ya existen zonas así.

Sin embargo, los fosfatos son necesarios. Cuando cultivamos, extraemos fósforo en forma de alimentos que no regresa al terreno, y éste se empobrece. Los defensores de la agricultura orgánica argumentarán que hay que reciclar los nutrientes, lo que hay que hacer en la medida que sea posible, pero es imposible hacerlo completamente. Algo de fósforo se perderá siempre, y hay que reponerlo. Además, en las zonas tropicales los suelos son ácidos y están muy lavados de fósforo: lo necesitan incluso más que en los países ricos, y lo usan mucho menos porque los agricultores no tienen con qué pagarlo.

Seguramente los países tropicales deberían usarlo más (sin que se opongan los agroecólogos integristas), y los ricos y templados menos, para evitar traspasar el umbral. No será fácil renunciar a parte de la productividad de país rico, pero habrá que hacerlo, producir menos, y ajustar los costes de la comida a límites sostenibles. Comer será más caro.

Por si fuera poco, las minas de fósforo no serán eternas: si ponen en google “peak phosphorus“, es decir, el punto en el que el fósforo esté próximo a acabarse, salen miles de resultados. Algunos hablan de entre 50 y 130 años, otros de 30 (probablemente exageran). Y como para que aparezca la especulación no hace falta más que crear el miedo, tenemos todos los números para otras crisis alimentarias basadas en el desabastecimiento de fósforo. Todavía falta, pero llegarán. Habría que ir pensando en cómo conseguimos que los ricos usen menos, los pobres más, y todos contentos.

El Salvador 1994

Don Rigo con su yunta. El Salvador 1994

En el desarrollo rural tiene mucha importancia el espacio. Que las cosas estén cerca o lejos determina la facilidad de acceso a los mercados, el precio del transporte o la densidad de población, tres variables fundamentales de la economía. Y cómo el espacio se separa en compartimentos determina el tipo de actividad que se lleva a cabo. Qué cultivos, qué ganados, o sus posibilidades de prosperar, depende de que las tierras estén o no cercadas. En la Wikipedia se define la función del cercado como la de mantener a los animales dentro o fuera de un área, definición sencilla y elegante.

Para la Gran Bretaña y el mundo la historia cambió cuando se cercaron los pastos comunales en los siglos XVIII y XIX. Al proceso se le llamó “the Enclosures” (se puede escuchar un podcast de la bbc muy interesante aquí). De ahí empezaron crecimientos de productividad y expulsión de campesinos a las ciudades que acabaron en la revolución industrial. En los Estados Unidos se dio un proceso parecido con el cercado de los pastos del oeste,  tema tratado en un montón de westerns que contaban cómo los conflictos ganaderos acababan a balazos. En España estos asuntos se resolvieron en el siglo XIII, con el Concejo de la Mesta.

Cuando uno viaja por algunos países de África, le llama la atención la ausencia de cercas. La gente cultiva sus pedacitos de maíz o sorgo, pero sin cercarlos. Son parches de cultivos repartidos aquí y allá, sin límites claros, y lo que es más importante, accesibles para vacas hambrientas. Esto lleva a enfrentamientos con los dueños de ganado que pasta libre, que cuando se trata de pastores trashumantes, a veces de otras etnias, acaba en algo parecido a una guerra.

No se cerca sólo para que no entren los animales. Cercando, delimitas la tenencia de un pedazo de tierra. Si inviertes en él , cavando un pozo o construyendo una casa, el cercado indica que ese terreno tiene propietario. Por eso, pasar de terrenos abiertos a cercados es abrir una caja de Pandora. Sin embargo, donde no se cerca  se invierte poco, y esto también es un problema. En África se está planteando la repartición de tierras comunales en muchos países. Las elites gobernantes aprovechan para quedarse con buenos pedazos o para venderlas a inversores extranjeros. La tenencia de la tierra, el cercado como consecuencia, y los conflictos con pastores serán importantes temas de África en los próximos años.

borlaug

Norman Borlaug fue uno de los padres de la revolución verde y premio Nobel en 1970.

Hoy en día la revolución verde recibe muchas críticas, con razón en algunos casos (quizá fue demasiado optimista en cuanto a la sostenibilidad ambiental de lo que defendía), pero sin razón en la mayoría: ha sacado del hambre a millones de personas en Asia y América.

Borlaug fue consciente de las posibilidades que ofrecía la mejora tecnológica en agricultura, pero tambien lo fue de sus peligros. Este es un extracto de lo que opinaba sobre la biotecnología:

A growing number of agricultural scientists, (…) anticipate great benefits from biotechnology in meeting our future food and fiber needs. Since most of this research is being done by the private sector, which patents its inventions, those of us concerned with agricultural policy must face up to a potentially serious conundrum. Most of those being born into this world are among the abject poor, most of whom live in rural areas of the developing world and depend on low-yielding agricultural production systems to eke out a meagre existence. How will these resource-poor farmers be able to afford the products of biotechnology research? What will be the position of these trans- national agribusinesses towards this enormous section of humanity that still lives largely outside the commercial market economy? This issue goes far beyond economics; it is also a matter for deep ethical consideration. Fundamentally, the issue is whether small-scale farmers of the developing world also have a right to share in the benefits of biotechnology. If the answer is yes, then what is the role of international and national governments to ensure that this right is met? I believe we must give this matter serious thought.

Se puede encontrar en su artículo FEEDING A WORLD OF 10 BILLION PEOPLE: THE MIRACLE AHEAD. Este artículo puede servir para profundizar en el debate sobre la productividad agrícola, las necesidades de alimentación de multitudes enormes y la viabilidad de las pequeñas explotaciones en relación con las grandes. El debate seguirá abierto por muchos años.

Guida, mi mujer y lectora impenitente de filosofía, me pasa las citas que voy poniendo aquí y allá y que a la vez que entretienen a los lectores me hacen parecer más culto. Su último hallazgo es una reflexión de un pedagogo, David Perkins, sobre cómo se difunden las innovaciones, en este caso de educación, pero que perfectamente se pueden aplicar a la cooperación.
Perkins llama “jardines de la victoria” a las pequeñas experiencias pedagógicas exitosas que todos los políticos quieren visitar y que algunos de éstos quieren generalizar a gran escala, para mayor gloria del sistema educativo y la suya propia. El nombre de “jardines de la V.” procede de los huertos urbanos que se cultivaban en la Gran Bretaña durante la II Guerra, con los que pretendían contribuir a la economía nacional. Perkins lo aplica a las pequeñas experiencias exitosas.
En cooperación también tenemos nuestros jardines de la victoria que queremos difundir. En 1993 acudí a mi primer taller en el terreno sobre cooperación, en Nicaragua, y el tema principal ya era la “replicabilidad”, es decir, la capacidad de difundir buenas experiencias. 17 años después, Oxfam Gran Bretaña lo sigue intentando a través del “scale-up” de sus proyectos. Es un tema importante, porque las buenas experiencias suelen empezar a pequeña escala, y no es evidente que puedan replicarse a gran escala.
Esto que sigue es un resumen, adaptado al mundo de la cooperación, de lo que piensa Perkins sobre la aplicación a gran escala de las buenas experiencias:

  • Afrontar las necesidades de la escala: lo que es viable a pequeña escala no tiene por qué serlo a gran escala.
  1. No se puede abrumar a quienes se encargarán de hacerlo, porque los esfuerzos suelen ir más allá del cumplimiento del deber. No todo el personal está dispuesto a esto.
  2. No debe aplicarse a rajatabla. Hay que permitir flexibilidad en su aplicación, o quien tiene que hacerlo se rebelará. Los contextos varían.
  3. No debe exigir capacidades extraordinarias por parte de quien vaya a aplicarlo. Es decir, si la buena experiencia es compleja y difícil de lograr, quien tenga capacidades menores no podrá hacerlo. Muchas buenas experiencias dependen de personas muy brillantes al frente, que desgraciadamente no son clonables.
  4. Hay que proporcionar información escrita abundante de cómo se hace.
  5. No debe ser cara.
  • El proceso sobre cómo se han logrado las buenas experiencias es importante.
  1. Las necesidades deben estar claras, debe contar con personas que lo defiendan con fuerza y perseverancia (y rezar para que no cambien de trabajo), debe contar con estudio de viabilidad y recursos suficientes. La presión debe ser constante al principio. En la cooperación cambiamos tanto de prioridades que nuestros impulsos duran un año, como mucho, y luego pasamos a otra cosa.
  2. Se debe dar asesoría prolongada. Frase brillante de Perkins, de 1992: “rara vez se obtienen resultados duraderos en un taller o en una consulta. A medida que los profesores (cooperantes) ponen en práctica las innovaciones, tropiezan con innumerables obstáculos cuya superación exige un asesoramiento permanente”.

Esta es una reflexión adicional,propia:
Un buen proyecto es como un reloj: tienen que funcionar todas las piezas, y estar colocadas en su sitio. Imitar la forma un reloj suizo en vez de construir uno es “Cargo cult”. Construir relojes en serie lleva tiempo y necesita mucha capacidad. Cada proyecto necesita atención a los detalles, y la cantidad de gente capaz de hacer todas las cosas que dice Perkins es limitada en cualquier organización. Nuestro problema crítico para la diseminación es de recursos humanos, los más escasos y costosos de todos los recursos.

John Berger

John Berger

Este es el título de una trilogía de John Berger escrita en los años setenta, que cuenta historias de campesinos. El primero es Puerca Tierra, que describe la forma de vivir de los campesinos en la Europa de la postguerra y los decenios posteriores. Son los años de la mecanización, de la prosperidad en las ciudades, de la modernización del campo, que a la vez coexisten con formas de vida tradicionales. El segundo es Una vez en Europa, que muestra cómo va desapareciendo este mundo. El tercero es Lila y Flag, y ya encontramos a los campesinos en las ciudades, intentando adaptarse a los barrios marginales,  en busca de trabajo para sobrevivir.

Lo notable de esta trilogía es cómo coexisten el valor literario con una descripción casi sociológica  de los cambios que se van produciendo. Es una joya literaria pagada por… el Trans National Institute de Amsterdam, a través de una beca. Entre los cuentos y los poemas, incluye un epílogo en Puerca Tierra que explica con la precisión de quien lo ha meditado mucho por qué los campesinos piensan de forma distinta al resto. Soy muy respetuoso con los derechos de autor, pero dado que quien los infringe es otro, me permito decirles que este epílogo lo pueden encontrar aquí. Y aquí tienen un extracto de párrafos de Puerca Tierra . Merece la pena comprar la trilogía entera.

Dibujo de Juan Salvador Aguilar

Dibujo de Juan Salvador Aguilar

Un artículo en El País me ha recordado que en algunas islas del Pacífico surgió, después de la segunda guerra mundial, una extraña religión. Los habitantes se habían acostumbrado, con gran regocijo, a que el ejército estadounidense repartiera comida y baratijas que traían los aviones de abastecimiento.
Cuando acabó la guerra, los isleños se quedaron esperando inútilmente a que volvieran los aviones, pero no volvían. Construyeron pistas de aterrizaje como las que había antes, torres de control hechas con cañas de bambú, e incluso maquetas de aviones. Pensaban que si construían algo que pareciera un aeropuerto, los aviones volverían a aterrizar. Bastaba su apariencia de aeropuerto.
Desde que algunos antropólogos se dedicaran a explicar este tipo de pensamiento mágico (algunos lo califican de religión), y que el físico Feynman lo utilizara para explicar ciertos tipos problemas que surgían en la investigación científica, el pensamiento mágico del cargamento (Cargo Cult, en inglés) se ha popularizado como metáfora, con riesgo de convertirse en tópico, a lo cual contribuyo. Quizá sea mejor una expresión española más castiza pero muy descriptiva (y creo que no muy conocida en América): hacer el paripé.
Los indígenas melanesios hacían este paripé porque su forma de pensamiento pre-científica les inducía a creer que de verdad, si imitaban las formas, lo que deseaban ocurriría. Como casi todas las metáforas, ésta también se puede aplicar a la cooperación.
Hay veces que los proyectos diseñan las carcasas de una cooperativa o de una fabriquita. Igual que los melanesios deseaban que ocurriera algo, y lo imitaban, a veces los propietarios del proyecto desean que una carcasa de cooperativa funcione como tal, simplemente imitando el modelo. Suele faltar lo esencial, que en estos casos suele ser iniciativa empresarial o la demanda del producto. Es posible que afecte más a proyectos de agroindustria y comercialización (ahí espero alguna opinión) porque en estos él éxito depende de que otro compre el producto (decisión ajena al proyecto, igual que los gringos ni sabían que los melanesios esperaban que respondieran a su paripé).
Este primer caso puede ser equiparable al cargo cult. Se da también en muchos proyectos de incidencia: las actividades que se llevan a cabo tienen pocas posibilidades de tener efectos reales en lo que se quiere incidir, pero todo está preparado como para que parezca real: la presentación del acto en el hotel, los canapés, los disertantes en traje de gala…pero la mayor parte de las veces nada ocurre, porque falta lo esencial, que es que los poderosos (igual que en el cargo cult eran los pilotos gringos) se den por aludidos.
Pero a veces los oficiantes de estas ceremonias ni siquiera se lo creen. Hacen el paripé, pero con poca confianza en su propio éxito. En este caso no nos encontramos ante un ejemplo de pensamiento mágico sección “cargo cult”, sino de otro problema: el de la relación principal-agente (se puede encontrar mucha bibliografía en Internet en inglés, como “principal-agent perspective”. En resumen, cuando alguien (un estado, una ONG) tiene un programa que ejecutar, pero lo hace a través de otros, y estos otros tienen sus propios intereses, creencias o disposición al trabajo.
En ambos casos, cargo cult y problemas principal-agente, las pruebas de que estos comportamientos ocurren son sutiles y muchas veces pasan desapercibidas. Por eso se siguen dando este tipo de proyectos. De esto seguiremos hablando después del verano boreal. Este blog se va de vacaciones hasta septiembre.

Hace unos días se murió Vicente Ferrer y hace unos meses se murió Ron Rivera. Los dos han dedicado su vida a trabajar por los pobres de este mundo (prefiero llamarlos así antes que población beneficiaria, desfavorecidos o agentes de cambio, ellos se llaman a sí mismos así, y no se sienten ofendidos porque otros lo hagan).

Pues bien, hablo primero de Vicente Ferrer, que trabajó toda su vida, y eso es lo que tiene mérito, por los pobres de Anantapur, en la India. Muchos de los que leen este blog viven en América y quizá no han oído hablar de él, aunque en España todo el mundo lo conoce. Durante más de cincuenta años ha trabajado con los descastados de las aldeas de Anantapur, construyendo hospitales, escuelas y fábricas.

No he estado allí, pero he hablado con gente que ha estado y me cuentan el milagro que es. El trabajo a largo plazo, cuando está unido a la concentración de esfuerzos, produce resultados casi con toda seguridad. Lo que ocurre muchas veces es que nos dispersamos, no permanecemos en los mismos sitios, andamos picando aquí y allá (mucha culpa de esto la tienen los financiadores).

Hay quienes piensan que su trabajo tenía menos valor porque usaban apadrinamientos, o porque quizá no atendían suficientemente a las causas estructurales de la pobreza. Sobre los apadrinamientos, empezaron usándolos individualmente, y terminaron rectificando errores cometidos, y dedicando los fondos a la comunidad, y no a cada niña. Sobre las causas estructurales, hay veces que la pobreza tiene prisa y no puede esperar, lo que no significa que no se dediquen a ellas también. A dios rogando y con el mazo dando.

De Ron voy a hablar poco, quizá porque hacía muchos años que no teníamos contacto (llegamos a tenerlo los dos años que viví en Nicaragua) y porque no podría decir nada mejor que lo que ha dicho María López Vigil en este artículo de Envío. Por favor, léanla. Ron fue otro luchador incansable, inventor del filtrón, que ha salvado miles de vidas.

Lo admirable de Vicente y Ron fue su cercanía con los pobres, su perseverancia, los años que dedicaron a trabajar y a entender lo que hacían sin desanimarse (al menos en público). Este artículo es un homenaje a todas aquellas (hay muchas más mujeres que hombres) que trabajan en la cooperación y no se dedican a esto por el salario.

Sólo quienes trabajan en este campo pueden entender lo duro que es, especialmente quienes ya estamos en la retaguardia. No hay que dejarse desanimar por los fracasos en los proyectos, por los errores que pudieron evitarse sólo poniendo un poco más de cuidado y amor por el trabajo bien hecho, por la burocracia propia y ajena, por los requisitos absurdos de los financiadores, por dedicar nuestro tiempo a lo urgente en vez de lo importante, por pensar más en las facturas que en los resultados y por estar tan lejos a los pobres. Son ustedes muy observadores, este párrafo es la catarsis. Me hacía falta.

Revisando las estadísticas de este blog, he visto que los artículos sobre centros de acopio son los más vistos. No es extraño, puesto que desde que empezó la crisis alimentaria del 2007 los centros de acopio  se han visto como una de las posibles soluciones que puedan servir al menos para paliar un poco los efectos de la fluctuación de precios (aunque funcionan gracias a ellas, todo hay que decirlo).

Añado cuatro artículos técnicos útiles para aprender a hacer silos o manejar el grano sin que se estropee. Todos en inglés (quienes piensen seguir en este oficio y no lean inglés, deberían ir pensando en invertir en aprenderlo). Estos son:

Además puede ser útil buscar en google Postcosecha+COSUDE (no puedo dar un sólo enlace porque hay docenas). Postcosecha es un programa de distribución de silos que la cooperación suiza mantiene desde hace años. Ha formado a miles de artesanos que construyen silos metálicos en las comunidades. Es difícil ir por Centroamérica y no encontrar silos de Postcosecha en cada comunidad. Un ejemplo de programa exitoso, que los hay.

El cuento de la lechera del artículo anterior me ha recordado el cuento de La vaca, de Platónov. Les hablabla de Platónov a propósito de Chevengur en este otro artículo. Ahora les recomiendo este video, una joya de la animación, de Petrov:

Leyendo la entrada sobre fatiga de la cooperación que escribe Alfonso Dubois en el diccionario de Hegoa, veo que este peculiar cansancio acaba de cumplir 40 años. La Comisión Pearson, en 1969, dijo que esto de la cooperación no acaba de funcionar bien. Cuatro decenios después, no rebosamos de entusiasmo, pero algunas cosas han cambiado, y algo hemos aprendido.
¿Cuánto de esta fatiga proviene de los fracasos en los proyectos de desarrollo económico? Ahí me faltan datos, pero la sensación en el sector creo que es alta.
¿Qué posibilidades tienen los proyectos productivos de funcionar? ¿Hasta dónde puede llegar el proyecto de patio , o los agroecológicos, o una agroindustria? Algunos proponen sólo leves mejoras en la subsistencia, mientras que otros son muy ambiciosos.
¿Sucede de verdad el cuento de la lechera, en el cual invirtiendo dos dólares en la beneficiaria, ésta termina con una vaca? Por mi experiencia profesional, dado que las estadísticas no abundan, esto no suele ocurrir.

La lechera

La lechera

Hay muchos factores que determinan el éxito o fracaso de los emprendimientos productivos. Hablar de ellos en profundidad nos haría extendernos mucho, por lo que inauguramos nueva sección –el éxito-, e introducimos aquí unos cuantos que iremos desarrollando:

  1. El del nivel de iniciativa empresarial. Hay una tasa también “natural” de iniciativa empresarial. Varía según países en torno al 10% de la población en los países ricos, y algo más en los pobres. Sin embargo, las ONG suponen que en los países pobres todos los beneficiarios se comportarán como empresarios.
  2. El de la rentabilidad “natural” de una inversión: no es frecuente alcanzar rentabilidades mágicas con una inversión de unas decenas de dólares por persona, como suele ser el caso de los microcréditos. Esto no significa que no haya casos, que los mayores defensores del crédito exponen con satisfacción, pero no tienen por qué ser representativos, aunque tampoco se puede afirmar lo contrario debido a la dificultad de probar fracasos en estas inversiones (por dos razones: primero, ¿cómo se demuestra que un pobre ha quebrado? Y segundo, lo que se guardan las ONG de analizar y menos publicar las cifras de éxitos y fracasos).
  3. La tasa “natural” de fracaso empresarial. En todas partes, trátese de proyectos o de la vida económica en un país rico, parte de las empresas que empiezan fracasan.
  4. El del capital humano con el que se cuenta: convertir un campesino en empresario exige no sólo iniciativa, sino conocimientos. No son imposibles de conseguir, pero llevan tiempo. Algunos de los ejemplos más exitosos se caracterizan por los muchos años transcurridos hasta que se ha retirado el apoyo externo a los beneficiarios
  5. El de las condiciones del medio: aunque parezca de perogrullo, no se pueden esperar grandes éxitos donde no se dan las condiciones (existencia de mercado, de comunicaciones, de productos de calidad, de suministros regulares…).

Hay que ser consciente de estos factores para no hacerse ilusiones vanas. En general, para ser realistas tendremos que fijarnos especialmente en la relación necesaria entre el tamaño del problema y la cantidad de recursos aplicados, tiempo incluido.

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A principios de los sesenta, en este pueblo castellano que todavía vive de la agricultura, un terrateniente (don Antero el Poderoso) y dos ricas de medio pelo controlan la riqueza. Los agricultores viven mirando al cielo, temiendo las sequías, el granizo o las heladas. Sólo don Antero tiene la cosecha asegurada. En una cueva en las afueras vive El Nini, un niño a quien todos consultan porque conoce, parece que por ciencia infusa, todos los secretos de la naturaleza. Sabe cuándo lloverá, cuándo conviene cosechar el trigo o matar el cerdo. La vida es dura para la mayoría, y muchos piensan en emigrar a la ciudad. Este es el retrato que hizo Delibes de un pueblo pobre de hace cincuenta años. Ésta sigue siendo la situación en la mitad del mundo.

No se pierdan el comentario (en inglés) de Duncan Green sobre la presentación del informe del Banco Mundial Moving Out of Poverty. Trata, entre otros, de si damos excesivo valor a la participación (interesante opinión de Caroline Harper, del ODI), y habla del romanticismo rural como tendencia común.

La pérdida de suelo por erosión fue la causa de que los padres de Tom Joad perdieran su granja en Oklahoma. El viento sopló, no llovió, y perdieron cuatro cosechas consecutivas. Como estaban endeudados con el banco, fueron embargados. Así lo cuenta la novela Las uvas de la ira, de John Steinbeck, o la película de John Ford. Tom Joad se ha convertido en un símbolo de las luchas agrarias desde entonces, con canción de Bruce Springsteen incluida (la letra, aquí):

En toda Norteamérica se perdieron unos 400.000 km2 de tierra fértil. En los años 30, el gobierno de los EEUU decidió subsidiar las prácticas de conservación de suelo, al entender que el costo social de no cuidar la tierra es mayor que el costo individual.

Rainer Schickele era un economista agrícola alemán, emigrado a los EEUU en los años treinta, que colaboró en el establecimiento de los programas de conservación de suelos. En su Tratado de Política Agrícola escribía, en 1954:

“Es difícil medir en dinero el valor de las pérdidas por erosión y los beneficios de las operaciones de conservación. Podemos decir con seguridad que ambas cosas son mayores para la sociedad que para el individuo, debido a la diferente proyección en el tiempo de sus respectivos puntos de vista. Al explotar un terreno, el agricultor a menudo puede lograr mayores ingresos netos, durante un buen número de años, de los que obtendría haciendo gastos de conservación”.

En los países donde hay frontera agrícola, cuando una parcela no da más, la familia se muda a otra tierra adentro, tumbando bosques para conseguir nueva tierra cultivable. Económicamente, es una opción razonable para la gente. Ecológicamente, no lo es, de lo que se puede deducir que es necesario compensar a las familias agricultoras para que cuiden la tierra cuando obtendrían más ingresos si no lo hicieran.
La ampliación de la frontera agrícola no debe ser la solución, que favorece aplicar la agricultura como si fuera minería. Pero dado que económicamente puede ser racional agotar una parcela para ir a otra disponible, si no queremos que ocurra habrá que pagar por ello.
En mi opinión, la pérdida de suelo es un problema a corto plazo mayor que el cambio climático (que es más grave a largo plazo). Lo estamos perdiendo por malas prácticas agrícolas, como no reponer los nutrientes extraídos o provocar erosión por mala labranza. También por dedicar los mejores suelos a la industria o residencia. La creciente sensación de que faltará tierra fértil, sumado al aviso que fue la crisis alimentaria de 2008, que todavía continúa, nos está llevando a la apropiación de tierras en países tropicales por parte de grandes inversores y gobiernos de países ricos. Para ver la gravedad del problema (y una amplia revisión de quienes han hablado de la apropiación de tierras), se puede visitar esta entrada de Duncan Green.

Otra de TIC. Quienes trabajan en cooperación suelen leer montones de pdf de orígenes diversos, informes de institutos de estudios o de organizaciones de cooperación, artículos de revistas… Después de años de intentar poner orden en el disco duro, ha llegado la solución definitiva…sólo para usuarios de apple (ya lo siento, sé que son minoría).
Papers es un programa que clasifica los pdf igual que el iTunes clasifica la música: cada artículo tiene su autor, año, revista donde se editó… y lo mejor es que todos los datos los busca el programa en internet. Permite poner comentarios y palabras clave y organizar en carpetas virtuales, llamadas colecciones.
Para hacer búsquedas para investigaciones, lo hace mucho mejor que el google académico (aunque el papers lo usa de buscador, entre otros).  Cuesta unos 30€, pero hay descuento para estudiantes. Se puede encontrar aquí. Probarlo es amarlo.

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