La mayor parte de la gente pobre del mundo vive de la agricultura, o sea que si entendiéramos de economía agrícola, entenderíamos mucho de la economía de los pobres.

Theodore W. Schultz, premio Nobel de Economía.

Siguiendo con los proyectos de comercialización, decíamos en este artículo que hay tres leyes que convierten a la agricultura en un sector muy distinto de la industria o los servicios: las leyes de Turgot, Engel y King. Hoy les cuento la ley de King (o ley de King-Davenant), la más antigua de ellas.

En 1699, Charles Davenant escribía en An Essay on the probable methods of making a people gainers in the ballance of trade:

“Estimamos que un déficit en la cosecha de trigo hará subir los precios por encima del precio normal, en la proporción aquí establecida: cuando la cosecha de trigo tenga un déficit de 1/10, 2/10, 3/10, 4/10 y 5/10, el precio del trigo subirá respectivamente 3/10, 8/10, 28/10 y 45/10″.

Es decir, el precio del trigo, cuando hay déficit,  sube mucho más que el porcentaje de escasez. Charles Davenant atribuía esta ley a un predecesor suyo, Gregory King, que le proporcionó los datos. .

Jevon, su libro Theory of Political Economy, de 1871,  hace un comentario de esta ley y el siguiente esquema:

Cantidad de maíz 1.0 .9 .8 .7 .6 .5
Precio 1.0 1.3 1.8 2.6 3.8 5.5

En el siglo XVIII se daban crisis de precios de la comida bastante parecidas a la que ocurrió en 2007, que contribuyó a aumentar el número de hambrientos hasta llegar a más de mil millones . La explicación tiene que ver con el concepto que se elaborá años más tarde,  la elasticidad de los precios: la demanda de trigo es inelástica, porque un aumento de su precio no hace que se consuma menos, ni una disminución hace que se consuma más. Por eso, de la misma forma que los precios suben cuando hay escasez, también bajan desproporcionadamente cuando hay excedentes. Esta es la base de la variación de precios tan brutal que enfrentan los productos agrícolas, que dejan hambrientos cuando suben, y arruinan agricultores cuando bajan. Controlarlos ha sido una preocupación de los Estados, y un pozo sin fondo para sus ministerios de hacienda. Aunque hay gastos que son tan necesarios como comer.

Para que exista desarrollo tienen que estar todas las piezas

Un artículo de David Brooks, liberal de la tradición escocesa y columnista del NYT, escribe sobre el desastre de Haití.  El artículo habla de por qué Haití es tan pobre. Sólo trata parcialmente algunos aspectos, pero los que trata son muy políticamente incorrectos entre la parroquia izquierdista. Olvidemos las cosas que no menciona como causas de la pobreza. La cuestión no es si tiene razón o no, sino cuánta razón tiene, y en qué partes. Los comentarios al artículo son tan interesantes como el artículo en sí.

Este es mi comentario: el desarrollo es como un reloj, con todas sus piezas (ya puse el ejemplo antes, aquí). Cada país necesita su propio reloj ajustado y con todas las piezas que encajen. No es relativismo, es complejidad. Sachs tiene razón cuando dice que es la geografía, que pone en desventaja a los países mal comunicados o que por estar en zonas tropicales padecen más enfermedades. Pero también la tuvo Gardner, hace sesenta años, cuando dijo que el desarrollo es un estado de la mente (“la gente tiene que desarrollarse a sí misma antes de que pueda cambiar su medio físico, y eso es un proceso lento (…) los hábitos de pensamiento y conducta de la gente son el obstáculo más terco hacia el desarrollo”). Chayanov dijo hace ochenta que los pobres evitan trabajar duro (lo cual es cierto unas veces sí y otras no). De Soto dice que el problema es que las instituciones garanticen el cumplimiento de la ley (y especialmente la seguridad de la propiedad).

La izquierda tiende a evitar estos argumentos, porque piensa que deslegitiman los suyos: es la justicia, es el poder. La derecha abomina de los de la izquierda porque piensa que le quitan la responsabilidad a la gente ¿Importan los factores culturales, o sólo los políticos, o sólo los económicos? ¿Todas las culturas son buenas? ¿Todas son emprendedoras?  Es la educación y la cultura, pero también es la democracia y el poder. Unos y otros deberíamos reconocerlo.

El mundo del desarrollo es un calco del de la política. La derecha piensa que cada quien es responsable de sus actos, y en consecuencia de su situación. La izquierda que la pobreza es culpa de los ricos o de la injusticia. González Faus, un jesuita español, lo puso en un artículo en El País en 2005:

La gran virtud de la derecha es que comprende y acepta la dificultad de las cosas y la necesidad del esfuerzo. Desde esta óptica se puede hablar del sentido de responsabilidad como propio de la derecha. Pero se trata de una responsabilidad profundamente egoísta: insolidaria unas veces y dominadora otras. La izquierda, en cambio, quiere ser integradora e igualitaria: la solidaridad sería su virtud preferida. Pero su gran defecto es la tendencia al espontaneísmo y a la comodidad. Rehúye la dificultad y el esfuerzo paciente; y su solidaridad pasa mal de las palabras a los hechos.

Cada quien se encuentra cómodo en su campo, y piensa que arreglando sus engranajes, el reloj funcionará. Pero nadie entiende el funcionamiento del reloj entero, que por supuesto se negará a funcionar si no tiene todas sus piezas en su sitio.

El pensamiento sobre el desarrollo está formado por capillitas, y las que se consagran a un solo engranaje del reloj están llenas de fieles, que recelan de las demás capillitas dedicadas a engranajes totalmente equivocados, (según cada capillita). O no tan equivocados. Pero entonces, ¿qué hacemos?

PS: Me han comentado que la imagen del reloj no es muy afortunada porque parece mecanicista (2. m. Fil. Doctrina según la cual toda realidad natural tiene una estructura semejante a la de una máquina y puede explicarse mecánicamente.). Cierto. No nos quedemos pues con la idea de que el funcionamiento de la sociedad y la economía será automático (no lo será, de ahí la complejidad). La idea que quería que quedara es que todas las piezas tienen que estar, como las que he escrito en la leyenda del grabado, funcionando en grados distintos y cambiantes, pero tienen que estar.

Dibujo de Juan Salvador Aguilar

En este documento, Proyectos de Comercialización desde las ONG, Luís Domingo revisaba ya en 1995 cómo eran y cómo deberían ser los proyectos de comercialización promovidos por  las ONG. Desde entonces, todavía no he visto un documento que explique mejor las dificultades y características de estos proyectos, ni tampoco que la mayor parte de las ONG que los promueve haga uso de los aprendizajes de este estudio.

Los proyectos de comercialización enfrentan con mucha frecuencia dificultades que tienen su origen en visiones simplistas de cómo resolver la venta de la producción, cómo dirigir las empresas o qué objetivos tienen. En muchas ocasiones faltan estudios de viabilidad, aunque sean algunos números básicos, y en muchas otras la elección de los productos que promocionaremos se basa en apreciaciones superficiales.

El que sea un documento de 1995, entonces, no importa mucho, dado que lo que hemos avanzado desde entonces es poco (con honrosas excepciones). Cuando mejoremos gran parte de los problemas que se detectaban entonces, podremos pasar a escalas y niveles de complejidad mayores. Entre los puntos que trata, están:

  • Las razones por las que empezar un proyecto de comercialización.
  • La contradicción entre objetivos sociales y económicos que tiene una empresa de comercialización.
  • La dirección y la propiedad de la empresa.
  • La forma de gestionarlas y financiarlas.

Merece la pena dedicarle tiempo a leerlo, en el caso de que vayamos a empezar un proyecto de comercialización o queramos mejorar lo que ya está en marcha.

Esta tribu vive sobre todo en países fríos y ricos, aunque han logrado extender su influencia a muchos países tropicales. Están emparentados con los mopongo y los luditas, con los que tienen en común su visión romántica de la agricultura y sus aficiones estéticas (les gusta el campo, pero no suelen vivir de él). Entre sus costumbres destaca su querencia por los alimentos locales y de temporada. Se agrupan en movimientos como “buy local” (compra local).

Estos son sus argumentos, y hay que reconocer que son potentes:  la comida sabe mejor, conserva mejor sus nutrientes, preserva la diversidad genética, está libre de OGM, apoya a las familias locales, ayuda a construir comunidad, preserva los espacios abiertos cerca de las ciudades, ahorra gasto público (porque las granjas requieren menos servicios que las ciudades -esto les encanta a los anglosajones-), mejora el medio ambiente, y asegura comida para el futuro (la alusión a la seguridad que no falte entre los estadounidenses). ¿Quién tendría algo que decir a virtudes tan razonables?

Los argumentos son morales, y tienen que ver con quién produce qué, y a qué otra cosa podrían dedicarse. Desde que empezó la era industrial, el mundo se ha organizado como un norte rico con una gran parte de la mano de obra dedicada a industria y servicios, y una pequeña parte en la agricultura, y el sur pobre, dedicado sobre todo a la agricultura. Williams, en su libro El campo y la ciudad,  lo describe así:

“…a mediados del siglo XIX la economía inglesa había alcanzado un punto tal que la producción nacional ya no alcanzaba para alimentar a la población del país. De modo que se instauró, pero esta vez a escala internacional, la tradicional relación entre ciudad y campo. Las tierras distantes se convirtieron en las zonas rurales de la Gran Bretaña industrial. (…) en las tierras distantes, fuera del alcance de la vista, se había estado formando un enorme proletariado. Como escribió Orwell en 1939 después de haber visitado algunas de esas regiones: Lo que siempre olvidamos es que la abrumadora mayoría del proletariado británico no vive en Gran Bretaña, sino que está en Asia y África.”

El problema es que este proletariado que mencionaba Orwell vive en gran parte de los productos que venden a mercados distantes. En este magnífico informe sobre Food miles, Oxfam y el IIED desmontan muchos mitos sobre la influencia que tiene en el efecto invernadero el transporte de comida, y plantea un problema ético: más de un millón de agricultores africanos venden sus productos a la Gran Bretaña. ¿Vamos a dejar de comprarles por comprar local? No hay muchas ocupaciones alternativas a la agricultura en sus países.

Hay quien podría argumentar que si dejan de vender al norte, que lo hagan en el sur, entre ellos. Sería  la aplicación del “compra local” dentro de los países pobres. Pero también tiene sus inconvenientes, en este caso  la poca demanda local de comida considerando la proporción de población rural/urbana. La mayoría de la población pobre  de las zonas rurales se dedica a la agricultura. Normalmente producen lo mismo que sus vecinos: es decir, en Centroamérica todo el mundo produce maíz y frijoles, plátanos, yuca, etc. Es difícil venderle al vecino, porque normalmente ya tiene, y los mercados locales tienen una capacidad limitada de absorción. ¿Por qué?

La gente tiene una capacidad limitada de comer, con lo cual, si hay más de un 50% de la población en la agricultura, y en las ciudades la gente come un plátano por persona y día, cada persona que se dedique a la agricultura podrá vender un plátano por día sólo a una persona. No más. La única manera de vender más es acudir a mercados más lejanos, a veces muy distantes, donde la concentración de población urbana supere en mucho a la rural. Esto implica transportar comida.

En resumen, que no sean los agricultores de los países pobres quienes paguen el pato (criado localmente o no), y que en las cuestiones sobre agricultura y mercados son siempre muy complicadas.

Estudiar un máster -llamado maestría en América Latina y magister en algún caso- suele ser una de las formas académicas de obtener los conocimientos necesarios para trabajar en cooperación. En España hay una oferta variada, tanto de presenciales como a distancia. La calidad también varía: no es igual el grado de especialización, la experiencia del profesorado o la cantidad de investigación o trabajo sobre el terreno que se hace. En esta página de Universia hay un listado de los máster que se pueden estudiar en España. No están todos, ni está completamente actualizada, pero es lo más exhaustivo que he encontrado.

A la hora de elegir uno, hay varias cuestiones que tener en cuenta:

- ¿Para qué lo quieres? ¿Qué esperas aprender? ¿Para qué tipo de trabajo?

- La calidad del profesorado: busca en el google académico qué publicaciones tienen y de qué nivel. No es lo mismo una maestría que selecciona a sus profesores de entre lo mejor del sector -que las hay-, que otra que tira de su cantera (que puede ser buena, pero que tiene a padecer de los males de la endogamia universitaria). Cuantas más personas expertas invitadas, mejor.

- El grado de especialización. Hay demasiados máster que se limitan a hablar de por qué existe la pobreza (contexto económico e histórico) y quiénes se dedican a hacer algo (instituciones internacionales, cooperación bilateral y ONG). Salpimentado con un poco de marco lógico, y a correr. Esto sirve de poco. Las maestrías deberían ser capaces de ofrecer detalles sobre el qué hacer, y eso lo da la especialización. Es una rareza encontrar una maestría que te hable de cómo tienen que ser los proyectos de comercialización, agroindustria o extensión agraria. Saber de marco lógico y no saber de sanidad, agricultura o arquitectura es lo mismo que conocer el instrumental quirúrgico sin saber anatomía: no sabes dónde cortar o coser. Busca un máster especializado.

- Cuándo hacerlo: es mejor después de haber trabajado en el terreno, si es posible. Si te vas a gastar 4.000 € en una maestría, bien merece gastar otros 4.000 en una estancia larga en una ONG del sur, aunque sea de trabajando de forma voluntaria. Verás la maestría de otra manera cuando sepas cómo es la realidad.

- No descuides lo que no te suele dar la maestría: la mejor inversión es aprender a escribir. Es lo que más escasea en el mundo de la cooperación hispanohablante (a diferencia del anglosajón, donde esto se trabaja mucho). Quien escribe bien triunfa en la consultoría, si es capaz de escribir buenas evaluaciones, formulaciones, identificaciones, o un marco lógico que se entienda. En este artículo mostraba algunos libros que pueden ayudar. La segunda mejor es aprender inglés. El pensamiento sobre cooperación en español es escaso, los artículos más interesantes e importantes están en inglés. ¿Cuántas revistas de cooperación hay en español?

- Y finalmente, el consejo de expertos: este es Chris Blatman, diez cosas que les dice a sus estudiantes. Son para la universidad de Yale, algo distinta de las españolas.

La agencia IPS, en su sección “Voces”, habla de estas reflexiones llevadas a cabo por la cátedra Antonio Gramsci:

“¿Quién cree en una Revolución bucólica? ¿Quién cree en un Socialismo de perezosos? Sin embargo, la pereza no es la vagancia o al menos no tiene que serla”, asegura un texto que, desde un sector de la sociedad civil en Cuba, reivindica el “derecho a la pereza”.
“Debemos conocer el valor del trabajo para decirnos revolucionarios y más aún para llamarnos marxistas, pero también es cierto que debemos reverenciar la pereza, al menos la roja pereza, sería un estado del alma y del cuerpo que se podría mantener en todo momento, hasta mientras se trabaje”, asegura el documento.
Publicado como una sección fija en un sitio web de la Cátedra de Estudios Antonio Gramsci, el texto considera que “el trabajo o cualquier actividad revolucionaria que se realice fuera de este principio estaría muy cerca de la esclavitud de los sentidos y de la enajenación de la imaginación”
La propuesta del sitio web “Revolución bolchevique. Historia de la URSS y Cuba”, que propone un análisis crítico socialista desde el siglo XXI, añade que no “debe pensarse en el socialismo si no pensamos en la felicidad y en el disfrute, que no en la destrucción de la naturaleza y en el despilfarro inhumano”.
Así, resalta, “el derecho a la pereza es el derecho al amor y a tener muchos lugares donde hacer y dar amor. Es el derecho a comer y beber, a reír, a hablar, a bailar, pintar, cantar o a ver bailar, ver pintar y oír cantar”.
La cátedra, del Instituto Cubano de Investigaciones Culturales Juan Marinello, impulsa un trabajo sistemático de análisis del sistema socialista y su desarrollo en la isla. (2009)

Mi comentario: quien ha estado en Cuba puede pensar que reivindicar el derecho a la pereza es innecesario, y que éste está suficientemente interiorizado por el pueblo cubano. Quizá este argumento podría ser necesario en China o Vietnam, donde la pereza tiene fama de no existir, pero en Cuba…(donde creo que se inventó la frase “ellos hacen como que nos pagan, y nosotros hacemos como que trabajamos”).
Uno de los grandes problemas de Cuba es la falta de utilización real de su mano de obra para levantar la economía. Hay gente capacitada, hay necesidades, pero la iniciativa está ahogada por el miedo a que surjan desigualdades. Económicamente no es razonable, y las cifras de su crecimiento económico (o más bien de su carencia) lo demuestran.

Dibujo de Juan Salvador. Payesa mallorquina.

Estoy en Menorca, mi tierra, donde me acaban de contar esta historia: dos intermediarios queseros (Menorca es la tierra del queso) presionan a un productor independiente para que deje de vender queso por su cuenta, y se avenga a venderles a ellos, a dos euros menos el kilo. Utilizan todo tipo de métodos poco honorables, entre ellos el chisme (andar contando por ahí que si no tiene condiciones higiénicas, que si por su culpa los demás productores se ven obligados a cobrar menos). En resumen, los intermediarios usan su poder para que el productor se vea obligado a vender barato, de manera que los primeros puedan aumentar su margen. Ocurre también con la fruta, la leche (es habitual que se ponga como excusa que tiene poca grasa, o bacterias).

El poder de los intermediarios en la agricultura es generalizado. En cualquier lugar del mundo los agricultores pueden contar historias parecidas. Como consecuencia, muchos proyectos de cooperación son proyectos de comercialización y pretenden eliminar los intermediarios. Hay dos cosas que nos interesan especialmente:

¿Por qué los intermediarios tienen tanto poder? Hay muchas razones: en los países ricos, ellos tienen los contactos con los mayoristas y detallistas, y en los países ricos la distribución es muy cara, y no todo el mundo tiene acceso. Muchos mercados mayoristas funcionan con numerus clausus, lo que significa que sólo un número limitado puede vender en él. Los productores están desorganizados aquí y en el resto del mundo.

En los países pobres, la escasez de crédito hace que los intermediarios financien las cosechas. Esto hace que a la hora de vender, el intermediario fije el precio. A veces se añade la falta de capacidad de almacenamiento, que hace que el productor tenga prisa por vender, antes de que se estropee la cosecha (o porque ésta es perecedera).

Pero el intermediario tiene un papel en el mercado. A veces no son explotadores de campesinos, sino que trabajan con márgenes muy ajustados y siguen las variaciones de los precios del mercado. Por esto, antes de empezar un proyecto de comercialización, lo primero es estudiar si el intermediario ejerce un papel  -transporte, acopio y distribución- o no, y si hay que prescindir de él. Cuando cumplen estas tres  funciones sin presionar demasiado para bajar precios, son útiles.

En la raíz de todo, están las características de la agricultura que la hacen distinta a los demás sectores. Las principales están recogidas en tres leyes económicas: la de Turgot, la de Engel y la de King. Junto con el riesgo, y la perecibilidad de los productos, nos dicen por qué la agricultura es como es. De esto ya hablaremos en futuros artículos.

La Masia

La Masia, Joan Miró, 1922

El último susto alimentario mundial, la crisis de 2008, ha podido poner sobre la mesa dos hechos que han estado durante decenios fuera de la agenda política: que la inversión en agricultura ha estado descuidada, y que pasa hambre más gente que nunca (más de mil millones de personas). Ahora que queda claro, y ante la posibilidad de que llegue dinero para invertir en agricultura, hay que poner ciertas precauciones.

La última gran inversión en agricultura se dio durante la revolución verde, en los sesenta y setenta. Entonces se lograron grandes aumentos de producción, que redujeron mucho los precios agrícolas, especialmente de los cereales. Los precios han bajado desde entonces, salvo picos puntuales como los del 73-75 y 2007-2008. Ahora que se espera –si se cumplen las promesas del G8- que haya dinero para la agricultura, es crucial cómo invertirlo.

No es un gran secreto lo que hay que hacer. Para garantizar la seguridad alimentaria hay que construir carreteras y riego (sostenible), gastar en investigación agrícola, regular los mercados de cereales y demás cosas en las que hay un consenso bastante general (para quien tenga tiempo y ganas, conté lo que creía que había que hacer en esta ponencia en FRIDE).

Los peligros son que todo el mundo, países pobres incluidos, se pongan a producir  y vuelvan los excedentes y los precios bajos,  y que haya una sensación general de tranquilidad, porque los precios están bajos, cuando en realidad empiezan los problemas para los productores menos productivos. La clave para evitarlos está en aumentar la producción y a la vez establecer mecanismos de control de inventarios que eviten la sobreproducción y el desplome de los precios.

En agricultura, el precio que rige es el más bajo, porque los productos están poco diferenciados. Si a los agricultores más productivos de una región les va bien (los terratenientes, muchas veces), todos los menos productivos de esta misma región o de las regiones vecinas con las que haya comercio tendrán que plegarse a los precios que los más eficientes fijen. Es como si usted fuera al trabajo un día y le dicen, no, hoy no trabaja. Usted cobra 10€ la hora, pero hoy ha aparecido fulanito y trabajará por 8€. Que cada día que vaya a trabajar, pueda encontrar a alguien que lo haga por menos. Así es como funcionan los precios agrícolas.

Imaginémonos la agricultura como una carrera de fondo. En cabeza va la agricultura industrial, con rendimientos altos, mecanización y poco uso de mano de obra. Los medianos agricultores la siguen. La agricultura campesina va a la cola a mucha distancia. Lo que quisiéramos, para tener un mundo con menos pobres, sería que la distancia entre quienes van en cabeza y el pelotón de cola sea menor. El precio es el récord en la distancia, y van a la final los que pasan el tiempo de corte. ¿Cómo conseguir que pase la mayor parte de corredores posible?

Para conseguir un pelotón más compacto, podemos frenar a los que van en cabeza. Lo primero es no subvencionarles. Aquí hay un ejemplo (en The 2008 Food Price Crisis: Rethinking Food Security Policies, de  Anuradha Mittal, de cómo lo hacen en los EEUU:

In 2003, the United States exported wheat at 28 per cent below the cost of production, soybeans at 10 per cent below the cost of production, corn at 10 per cent below the cost of production, cotton at 47 per cent below the cost of production, and rice at 26 per cent below the cost of production (IATP, 2005).

Pero los rendimientos de la agricultura moderna son mayores sobre todo por la mecanización y el paquete tecnológico. En este aspecto es difícil impedir que corran más: no les puedes obligar a usar menos cosechadoras gigantes, aunque sí puedes prohibir los transgénicos (de los que tampoco hay pruebas irrefutables de que rindan más). También se puede limitar el uso de fertilizantes, pero esto es difícil de controlar.

Si no ayudas a los más rápidos, tiene una consecuencia: el récord en la distancia será peor. Es decir, los precios de la comida serán más altos: una consecuencia inevitable de un sistema más justo.

La única manera de mantener el pelotón compacto es ayudar a los que van más lentos. Hay que lograr que corran más: es decir, que sean más productivos. No puedes lograrlo sólo con agroecología. Hay que promover la mecanización, y tienes que conseguir que el paquete tecnológico (cuyo rendimiento dependerá sobre todo de la cantidad de insumos –químicos u orgánicos- y de la calidad de las semillas) les permita pasar el tiempo de corte. Si no lo pasan, no les sirve ser más ecológicos que los demás.  También les puedes regalar unos segundos: eso sería subsidiarles, y es correcto si queremos que todo el mundo entre en la carrera.

En el informe de Greenpeace Agriculture at the Crossroads, Food for Survival, llama la atención una página dedicada a las declaraciones contra el hambre, desde 1963 hasta ahora. Se parecen bastante entre ellas, muchas comparten el escándalo por la persistencia del hambre y prometen solemnemente esforzarse mucho en combatirla. Cincuenta años después, pasan hambre más de mil millones de personas. Estas son las declaraciones:

So long as freedom from hunger is only half achieved, so long as two-thirds of the nations have food deficits, no citizen, no nation can afford to be satisfied. We have the ability, as members of the human race, we have the means, we have the capacity to eliminate hunger from the face of the Earth in our lifetime. We only need the will.

President J. F. Kennedy, World Food Congress, Washington D.C., 1963

The profound comment of our era is that for the first time we have the technical capacity to free mankind from the scourge of hunger. Therefore today we must proclaim a bold objective: that within a decade no child will go to bed hungry, that no family will fear for its next day bread and that no human being’s future and wellbeing will be stunted by malnutrition.

Dr. Henry Kissinger, World Food Conference, Rome, 1974

We believe that it is indeed possible to end world hunger by the year 2000. More than ever before, humanity possesses the resources, capital, technology and knowledge to promote development and to feed all people, both now and in the foreseeable future. By the year 2000, all the world’s people and all its children can be fed and nourished. Only a modest expenditure is needed each year – a tiny fraction of total expenditure which amounts to $650 billion US dollars a year. What is required is the political will to put first things first and to give absolute priority to freedom from hunger.

FAO World Food Colloquium, 1992

We pledge our political will and our common and national commitment to achieving food security for all and to an ongoing effort to eradicate hunger in all countries, with an immediate view to reducing the number of undernourished people to half their present level no later than 2015.

Rome Declaration on World Food Security, World Food Summit, 1996 Hunger quot

We resolve further: To halve, by the year 2015, the proportion of the world’s people whose income is less than one dollar a day and the proportion of people who suffer from hunger and, by the same date, to halve the proportion of people who are unable to reach or to afford safe drinking water.

United Nations Millennium Declaration, New York, 2000

We renew our global commitments made in the Rome Declaration at the World Food Summit in 1996 in particular to halve the number of hungry in the world no later than 2015, as reaffirmed in the United Nations Millennium Declaration. We resolve to accelerate the implementation of the WFS Plan of Action.

Declaration of the World Food Summit: five years later, Rome, 2002

We reaffirm the conclusions of the World Food Summit in 1996, which adopted the Rome Declaration on World Food Security and the World Food Summit Plan of Action, and the objective, confirmed by the World Food Summit: five years later, of achieving food security for all through an ongoing effort to eradicate hunger in all countries, with an immediate view to reducing by half the number of undernourished people by no later than 2015, as well as our commitment to achieving the Millennium Development Goals (MDGs).

Declaration of the High-Level Conference on World Food Security, Rome, June 2008

The 2000 Millennium Declaration aimed to halve the proportion of the world population facing poverty and undernourishment by the year 2015; the world is very far from reaching this goal according to the alarming data provided by the relevant international bodies. We reiterate our determination to defeat hunger and to ensure access to safe, sufficient and nutritious food for present and future generations.

Declaration of the G8 agricultural ministers meeting, Cison di Valmarino, April 2009

Serra de Tramuntana 2

Sierra de Tramuntana, Mallorca. Va a llover.

Paul Krugman escribió este artículo, The fall and rise of developments economics,  una historia interesante sobre las metáforas y los modelos en la economía. Algunos economistas, ya casi extinguidos, intentaban explicar la realidad mediante metáforas. Otros, los modernos, y que ahora dominan la academia, lo hacen mediante modelos, que significan una simplificación de la realidad (y que los profanos no entendemos porque están escritos en griego), pero que tienen una base matemática que refuerza su argumentación.

Krugman cree que unos y otros deben convivir, y  pone un ejemplo clarificador:  la sabiduría popular siempre ha dicho que se puede predecir el tiempo observando el cielo. La meteorología, cuando se desarrollaba como ciencia a finales del siglo XIX y XX, dejó de prestar atención al aspecto del cielo para basarse sólo en modelos. Lo que el populacho sabía por intuición y experiencia, se abandonó. No fue hasta 1919 cuando un grupo de científicos noruegos se dio cuenta de que las observaciones populares tenían razón y era posible predecir el desarrollo de una tormenta por la altura y forma de las nubes.

Krugman critica así la simplificación que la economía hacía de la realidad, a la que se pretendía representar con modelos sencillos, mientras ignoraba la realidad misma, mucho más compleja, y que a veces es difícil de representar mediante modelos.

Paul Streeten escribe, en este otro artículo, que la economía antes la escribían escoceses en inglés, y que ahora la escriben húngaros en matemático. Habla, entre otras cosas, sobre la necesidad de que los economistas sean capaces de explicarse en prosa y hacerse entendibles:

In educating economists, we should sacrifice some of the more technical aspects of economics (which can be learned later), in favour of the compulsory inclusion of philosophy, political science, and economic history. Three reasons for these interdisciplinary studies are given here. In the discussion of the place of mathematics in economics, fuzziness enters when symbols a, b, c are identified with individuals, firms, or farms. The identification of the clear cut symbol with the often ambiguous and fuzzy reality invites lack of precision and blurs the concepts. If the social sciences, including economics, are regarded as a “soft” technology compared with the “hard” technology of the natural sciences, development studies have come to be regarded as the soft underbelly of “economic science”. In development economics, the important question is: what are the springs of development? We must confess that we cannot answer this question, that we do not know what causes successful development.

Dani Rodrik, por su parte, explica en su blog que eligió estudiar economía y no ciencias políticas porque así podía entender las revistas de la primera, que estaban escritas en griego (alusión a cómo se escriben las ecuaciones):

I remember well what settled it for me. One day in the library, I picked up copies of the flagship publications of the two disciplines–the American Political Science Review and the American Economic Review–and put them side by side.  One was written in English, the other in Greek. I thought that if I did a PhD in economics, I would be able to read both journals, but that if I did a PhD in political science, it would be goodbye economics.  That was my epiphany. (I should add that many political science programs now provide solid technical training that no longer leaves the AER beyond reach–but that was not true at the time.)

Yo no estudié economía, y siempre he lamentado no tener suficiente base matemática como para entender los artículos en griego (digresión: a la anciana tía de una amiga le llamaba la atención la popularidad de esta lengua, junto con el tailandés, en los anuncios clasificados. No podía imaginar que tanta gente quisiera aprenderlas, ni por qué aparecían en la sección de contactos).

La mayor parte de los que nos dedicamos a la cooperación en el mundo latinoamericano hablamos el lenguaje de las nubes, a diferencia del mundo anglosajón, donde hay abundancia de economistas del desarrollo y se comunican entre ellos en griego. No significa, como decía Krugman, que nuestra visión, la de las nubes, esté equivocada, pero una mayor profundidad en nuestros análisis es deseable. Sería útil hacer un esfuerzo de aproximación entre la Universidad, donde se estudia la economía del desarrollo, y el resto del mundo de la cooperación hispanoamericano para aportar, unos rigor, y otros la intuición basada en la experiencia. En la Universidad faltan grandes maestrías en español sobre desarrollo. Hay pequeñas maestrías, esfuerzos locales, encomiables todos, la mayoría de universidades pequeñas; pero qué bien estaría contar con algún gran instituto como pueden ser el Imperial College de Wye o el IDS de Sussex, ambos en la Gran Bretaña, o el MIT en Harvard, y tantos otros, donde se habla griego y también el lenguaje de las nubes.

Un marco lógico es una representación de la realidad tal como creemos que va a funcionar. Si realizamos la actividad a, conseguiremos el resultado b, que contribuirá al objetivo general c. Y por si acaso ponemos unas hipótesis que nos ponen en guardia frente a los riesgos que corremos. Estos riesgos suelen pecar de poco realistas, quizá porque si lo fueran los donantes se negarían a financiar los proyectos.

Parafraseando a John Lennon, la realidad es aquello que te sucede mientras tú intentas que se cumpla el marco lógico. Como pocas veces coincide la una y el otro, la academia ha intentado explicar lo que de verdad pasa mediante sistemas complejos, teoría del cambio y otras novedades que darán trabajo a mucho personal académico que esté a la última. Sin embargo, la realidad está mucho más a ras de suelo. En este divertido artículo, el  cínico pero  agudo Bill Easterly habla de lo que realmente pasa en un proyecto de distribución de mosquiteras:

A manager of an aid project must figure out how to get these people to do what is necessary to get the desired results. The manager (who also has complicated motivations) must adjust when the original blueprint runs into unexpected problems, which again relies more on acquired tacit knowledge than on science. (How to keep the bed net project going when the nets were first impounded and delayed at customs, the truck driver transporting the nets got drunk and didn’t make the trip, the clinic workers are off at a funeral for one of their coworkers, the foreign volunteer is too busy writing a blog and smoking pot, and the local village head is insulted that he was not consulted on the bed net distribution.) Certainly something similar is true also in running a private business or starting a new one – there is no owner’s manual for entrepreneurship.

Y aquí entramos en lo que nos interesa. Ya en este artículo, Schumacher vigilando novillos, les hablaba de la necesidad de estar atento a lo que de verdad pasa antes que en la medición de los indicadores (sin que haya que descuidar esto último, sino que hay que ocuparse de todo). El caso es que los proyectos se pierden por tonterías como las que describe Easterly.

Para quienes trabajan en sedes de ONG desde un país del norte, y quiere saber qué pasa ahí donde tiene el proyecto, hay una larga cadena.  Entre la dirección de la organización del norte, pasando por el personal técnico, repitiendo los mismos eslabones en el sur, hasta llegar al técnico que se bajará del coche y entregará un producto o un servicio a los beneficiarios, pueden pasar muchas cosas. Pensar que los comportamientos de todos los actores de la cadena de la cooperación son perfectos es como creerse la economía neoclásica basada en la competición también perfecta. Muchos de los participantes tienen intereses distintos, entre los cuales puede no estar ofrecer el mejor servicio. Esto es lo que estudia la parte de la economía institucional llamada “relación principal-agente”. Owen Barder lo resume bien en este artículo:

All organisations suffer from principal-agent problems. This is economists’ way of saying that the interests of the staff of the organisation are not exactly the same as the interests of the owners or the funders, and with imperfect information and incomplete contracts it is not always possible to ensure that the interests of the funders are being fully pursued. Principal- agent problems are typically compounded in a public administration because (a) public organisations generally try to manage multiple objectives; (b) there are more difficult problems measuring output and performance in the delivery of public services than there are in strictly commercial enterprises; and (c) it is usually more difficult to create effective performance incentives in public organisations (Bendor, 1988; Moe, 1997). In aid delivery the principal-agent problems are exacerbated by long delivery chains. Aid will frequently pass from the donor to multi-donor consortiums, to managing agents and implementing agents before it reaches the ground; and each of these organisations has its own interests that it will pursue alongside the goals of the funder.

Me gustaría investigar este tema, de tener el tiempo. Como no lo tengo, lo ofrezco desinteresadamente a estudiantes de posgrado dispuestos a responder esta pregunta mediante una investigación seria: ¿hay diferencias significativas de eficacia entre cadenas de actores largas –ONG que trabajan con contraparte en el sur- con las que trabajan directamente? Si ya hay algo escrito, agradezco la información.

Cuando queremos ejecutar un proyecto de agroindustria, un centro de acopio o cualquier otro que implique gente organizada, tenemos que cuidar especialmente el proceso de discusión con la gente.

De la misma forma que no se puede imponer una democracia (véanse los casos de Irak o Afganistán), organizar una cooperativa tiene que ser un proceso largo y dirigido por su propia membresía (vistoso americanismo que tenía ganas de usar). Esto es obvio, y para eso no hace falta molestar con un artículo. Pero se trata de una excusa para que echen un vistazo a estos dos videos (proceden de este recomendable artículo del blog de Dani Rodrik, quien lamentablemente ya no escribe) que muestran por qué no son siempre las reglas escritas las que funcionan. Como promotores de proyectos, solemos hacer hincapié en que las cooperativas dispongan de reglamentos, cuando deberíamos fijarnos más en si la gente se entiende de forma más o menos natural. Pero claro, fijarse en esto lleva tiempo, y no lo tenemos. En el primer video,  miren cómo funciona el tráfico en Vietnam, sin reglas escritas. Ojalá todas las organizaciones funcionaran así:

Y luego miren este video sobre Rusia. Esclarecedora comparación. Ojo, este artículo no está en contra de la existencia de reglamentos, sino a favor de procesos largos y naturales de discusión.

Sergio Fernández ha escrito este interesante artículo sobre el premio Nobel otorgado a Elinor Ostrom, por su trabajo sobre la gestión de los bienes comunes. Es un área de la economía que tiene mucha importancia en la cooperación para el desarrollo: muchos de los bienes a los que tienen acceso los pobres son comunes, y de su gestión depende gran parte de su sustento. Bienvenido sea este premio para la sra. Ostrom.

Columela

“… Pero sin agricultores es evidente que los hombres no pueden subsistir, ni
comer. Por ello me parece monstruoso lo que viene sucediendo, que una ocupa-
ción de la máxima importancia para la salud de nuestros cuerpos y el provecho
de nuestra vida, como es la agricultura, haya ido teniendo hasta nuestro tiem-
po un perfeccionamiento mínimo, a la vez que se ha venido despreciando esta
forma de ampliar y legar capital que carece de toda maldad.”

“De los trabajos del campo”
(L. J. M. Columela)

Columela escribió esto hace dos mil años. Era un tribuno nacido en Cádiz que dedicó gran parte de su vida a la agricultura. Su gran preocupación era la mejora técnica, y escribió mas de una docena de libros. En la biografía que se puede encontrar en wikipedia dice:

De su obra escrita nos han llegado De re rustica (Los trabajos del campo) y Liber de arboribus (Libro de los árboles). En la primera de estas obras, dividida en doce libros, e inspirándose en obras anteriores de Catón el Viejo, Varrón y otros autores latinos, griegos e incluso cartagineses, trata sobre todos los trabajos del campo en el más amplio sentido de la palabra: desde la práctica de la agricultura, la ganadería y la apicultura, hasta la cura de animales, pasando por la elaboración de distintos productos y conservas. En el libro de arboribus trata de cultivos arbustivos como la vid, hasta árboles como el olivo o los frutales, e incluso flores como la violeta o la rosa. La obra de Columela es considerada el repertorio más amplio y documentado sobre agricultura romana.

En google libros se puede consultar una traducción de 1824. Se puede bajar gratis aquí (son 23 megas, pero bajan rápido) y se puede disfrutar leyendo en pdf las mejoras que proponía.

La amplia disponibilidad de plástico en muchos países ha facilitado el desarrollo de un método de conservación de grano que no necesita insecticidas. Consiste en envolver una pila de sacos en plástico, hacer el vacío con una bomba de aire, e introducir después dióxido de carbono. El método está descrito en detalle en este artículo (2005 FFTC , en inglés, pero con fotos muy descriptivas).

Las visitas que recibe este blog son en su mayor parte para cuestiones relacionadas con centros de acopio. Para ver todo lo que se ha publicado, haz clic en el apartado de categorías de la derecha. Ahí está todo.

Dice Umberto Eco que para resolver algunos problemas debemos demostrar que no tienen solución. Es el caso del fósforo y la agricultura. El fósforo, junto con el nitrógeno y el potasio, es un elemento básico que las plantas necesitan para crecer. Este es el ciclo del fósforo:

Ciclo del fósforo

Ciclo del fósforo

El fósforo no se puede fijar tomándolo del aire, tal como hacen las leguminosas con el nitrógeno. El que hay en el suelo es aquel con el que se cuenta . Los árboles lo pueden extraer de más profundidad, y lo depositan en la superficie del suelo, donde pueden utilizarlo otras plantas. La minería aporta otra gran parte, de los yacimientos de fosfatos. De ahí se aplican a los cultivos, y por escorrentía terminan en el mar. Ahí empieza parte del problema.

En el artículo A safe operating space for humanity, aparecido en Nature, se habla de los límites que la humanidad no debe superar. En cuarto lugar aparece el ciclo del fósforo: estamos arrojando demasiados fosfatos, la mayoría procedentes de la agricultura, a los océanos. El artículo dice que entre ocho y nueve millones y medio de toneladas acaban en el mar. Si sobrepasamos los once millones, se puede producir una falta de oxígeno grave que produciría una gran extinción de especies, y el agravamiento del cambio climático por pérdida de capacidad de éstos para absorber dióxido de carbono. Ya existen zonas así.

Sin embargo, los fosfatos son necesarios. Cuando cultivamos, extraemos fósforo en forma de alimentos que no regresa al terreno, y éste se empobrece. Los defensores de la agricultura orgánica argumentarán que hay que reciclar los nutrientes, lo que hay que hacer en la medida que sea posible, pero es imposible hacerlo completamente. Algo de fósforo se perderá siempre, y hay que reponerlo. Además, en las zonas tropicales los suelos son ácidos y están muy lavados de fósforo: lo necesitan incluso más que en los países ricos, y lo usan mucho menos porque los agricultores no tienen con qué pagarlo.

Seguramente los países tropicales deberían usarlo más (sin que se opongan los agroecólogos integristas), y los ricos y templados menos, para evitar traspasar el umbral. No será fácil renunciar a parte de la productividad de país rico, pero habrá que hacerlo, producir menos, y ajustar los costes de la comida a límites sostenibles. Comer será más caro.

Por si fuera poco, las minas de fósforo no serán eternas: si ponen en google “peak phosphorus“, es decir, el punto en el que el fósforo esté próximo a acabarse, salen miles de resultados. Algunos hablan de entre 50 y 130 años, otros de 30 (probablemente exageran). Y como para que aparezca la especulación no hace falta más que crear el miedo, tenemos todos los números para otras crisis alimentarias basadas en el desabastecimiento de fósforo. Todavía falta, pero llegarán. Habría que ir pensando en cómo conseguimos que los ricos usen menos, los pobres más, y todos contentos.

El Salvador 1994

Don Rigo con su yunta. El Salvador 1994

En el desarrollo rural tiene mucha importancia el espacio. Que las cosas estén cerca o lejos determina la facilidad de acceso a los mercados, el precio del transporte o la densidad de población, tres variables fundamentales de la economía. Y cómo el espacio se separa en compartimentos determina el tipo de actividad que se lleva a cabo. Qué cultivos, qué ganados, o sus posibilidades de prosperar, depende de que las tierras estén o no cercadas. En la Wikipedia se define la función del cercado como la de mantener a los animales dentro o fuera de un área, definición sencilla y elegante.

Para la Gran Bretaña y el mundo la historia cambió cuando se cercaron los pastos comunales en los siglos XVIII y XIX. Al proceso se le llamó “the Enclosures” (se puede escuchar un podcast de la bbc muy interesante aquí). De ahí empezaron crecimientos de productividad y expulsión de campesinos a las ciudades que acabaron en la revolución industrial. En los Estados Unidos se dio un proceso parecido con el cercado de los pastos del oeste,  tema tratado en un montón de westerns que contaban cómo los conflictos ganaderos acababan a balazos. En España estos asuntos se resolvieron en el siglo XIII, con el Concejo de la Mesta.

Cuando uno viaja por algunos países de África, le llama la atención la ausencia de cercas. La gente cultiva sus pedacitos de maíz o sorgo, pero sin cercarlos. Son parches de cultivos repartidos aquí y allá, sin límites claros, y lo que es más importante, accesibles para vacas hambrientas. Esto lleva a enfrentamientos con los dueños de ganado que pasta libre, que cuando se trata de pastores trashumantes, a veces de otras etnias, acaba en algo parecido a una guerra.

No se cerca sólo para que no entren los animales. Cercando, delimitas la tenencia de un pedazo de tierra. Si inviertes en él , cavando un pozo o construyendo una casa, el cercado indica que ese terreno tiene propietario. Por eso, pasar de terrenos abiertos a cercados es abrir una caja de Pandora. Sin embargo, donde no se cerca  se invierte poco, y esto también es un problema. En África se está planteando la repartición de tierras comunales en muchos países. Las elites gobernantes aprovechan para quedarse con buenos pedazos o para venderlas a inversores extranjeros. La tenencia de la tierra, el cercado como consecuencia, y los conflictos con pastores serán importantes temas de África en los próximos años.

borlaug

Norman Borlaug fue uno de los padres de la revolución verde y premio Nobel en 1970.

Hoy en día la revolución verde recibe muchas críticas, con razón en algunos casos (quizá fue demasiado optimista en cuanto a la sostenibilidad ambiental de lo que defendía), pero sin razón en la mayoría: ha sacado del hambre a millones de personas en Asia y América.

Borlaug fue consciente de las posibilidades que ofrecía la mejora tecnológica en agricultura, pero tambien lo fue de sus peligros. Este es un extracto de lo que opinaba sobre la biotecnología:

A growing number of agricultural scientists, (…) anticipate great benefits from biotechnology in meeting our future food and fiber needs. Since most of this research is being done by the private sector, which patents its inventions, those of us concerned with agricultural policy must face up to a potentially serious conundrum. Most of those being born into this world are among the abject poor, most of whom live in rural areas of the developing world and depend on low-yielding agricultural production systems to eke out a meagre existence. How will these resource-poor farmers be able to afford the products of biotechnology research? What will be the position of these trans- national agribusinesses towards this enormous section of humanity that still lives largely outside the commercial market economy? This issue goes far beyond economics; it is also a matter for deep ethical consideration. Fundamentally, the issue is whether small-scale farmers of the developing world also have a right to share in the benefits of biotechnology. If the answer is yes, then what is the role of international and national governments to ensure that this right is met? I believe we must give this matter serious thought.

Se puede encontrar en su artículo FEEDING A WORLD OF 10 BILLION PEOPLE: THE MIRACLE AHEAD. Este artículo puede servir para profundizar en el debate sobre la productividad agrícola, las necesidades de alimentación de multitudes enormes y la viabilidad de las pequeñas explotaciones en relación con las grandes. El debate seguirá abierto por muchos años.

Guida, mi mujer y lectora impenitente de filosofía, me pasa las citas que voy poniendo aquí y allá y que a la vez que entretienen a los lectores me hacen parecer más culto. Su último hallazgo es una reflexión de un pedagogo, David Perkins, sobre cómo se difunden las innovaciones, en este caso de educación, pero que perfectamente se pueden aplicar a la cooperación.
Perkins llama “jardines de la victoria” a las pequeñas experiencias pedagógicas exitosas que todos los políticos quieren visitar y que algunos de éstos quieren generalizar a gran escala, para mayor gloria del sistema educativo y la suya propia. El nombre de “jardines de la V.” procede de los huertos urbanos que se cultivaban en la Gran Bretaña durante la II Guerra, con los que pretendían contribuir a la economía nacional. Perkins lo aplica a las pequeñas experiencias exitosas.
En cooperación también tenemos nuestros jardines de la victoria que queremos difundir. En 1993 acudí a mi primer taller en el terreno sobre cooperación, en Nicaragua, y el tema principal ya era la “replicabilidad”, es decir, la capacidad de difundir buenas experiencias. 17 años después, Oxfam Gran Bretaña lo sigue intentando a través del “scale-up” de sus proyectos. Es un tema importante, porque las buenas experiencias suelen empezar a pequeña escala, y no es evidente que puedan replicarse a gran escala.
Esto que sigue es un resumen, adaptado al mundo de la cooperación, de lo que piensa Perkins sobre la aplicación a gran escala de las buenas experiencias:

  • Afrontar las necesidades de la escala: lo que es viable a pequeña escala no tiene por qué serlo a gran escala.
  1. No se puede abrumar a quienes se encargarán de hacerlo, porque los esfuerzos suelen ir más allá del cumplimiento del deber. No todo el personal está dispuesto a esto.
  2. No debe aplicarse a rajatabla. Hay que permitir flexibilidad en su aplicación, o quien tiene que hacerlo se rebelará. Los contextos varían.
  3. No debe exigir capacidades extraordinarias por parte de quien vaya a aplicarlo. Es decir, si la buena experiencia es compleja y difícil de lograr, quien tenga capacidades menores no podrá hacerlo. Muchas buenas experiencias dependen de personas muy brillantes al frente, que desgraciadamente no son clonables.
  4. Hay que proporcionar información escrita abundante de cómo se hace.
  5. No debe ser cara.
  • El proceso sobre cómo se han logrado las buenas experiencias es importante.
  1. Las necesidades deben estar claras, debe contar con personas que lo defiendan con fuerza y perseverancia (y rezar para que no cambien de trabajo), debe contar con estudio de viabilidad y recursos suficientes. La presión debe ser constante al principio. En la cooperación cambiamos tanto de prioridades que nuestros impulsos duran un año, como mucho, y luego pasamos a otra cosa.
  2. Se debe dar asesoría prolongada. Frase brillante de Perkins, de 1992: “rara vez se obtienen resultados duraderos en un taller o en una consulta. A medida que los profesores (cooperantes) ponen en práctica las innovaciones, tropiezan con innumerables obstáculos cuya superación exige un asesoramiento permanente”.

Esta es una reflexión adicional,propia:
Un buen proyecto es como un reloj: tienen que funcionar todas las piezas, y estar colocadas en su sitio. Imitar la forma un reloj suizo en vez de construir uno es “Cargo cult”. Construir relojes en serie lleva tiempo y necesita mucha capacidad. Cada proyecto necesita atención a los detalles, y la cantidad de gente capaz de hacer todas las cosas que dice Perkins es limitada en cualquier organización. Nuestro problema crítico para la diseminación es de recursos humanos, los más escasos y costosos de todos los recursos.

John Berger

John Berger

Este es el título de una trilogía de John Berger escrita en los años setenta, que cuenta historias de campesinos. El primero es Puerca Tierra, que describe la forma de vivir de los campesinos en la Europa de la postguerra y los decenios posteriores. Son los años de la mecanización, de la prosperidad en las ciudades, de la modernización del campo, que a la vez coexisten con formas de vida tradicionales. El segundo es Una vez en Europa, que muestra cómo va desapareciendo este mundo. El tercero es Lila y Flag, y ya encontramos a los campesinos en las ciudades, intentando adaptarse a los barrios marginales,  en busca de trabajo para sobrevivir.

Lo notable de esta trilogía es cómo coexisten el valor literario con una descripción casi sociológica  de los cambios que se van produciendo. Es una joya literaria pagada por… el Trans National Institute de Amsterdam, a través de una beca. Entre los cuentos y los poemas, incluye un epílogo en Puerca Tierra que explica con la precisión de quien lo ha meditado mucho por qué los campesinos piensan de forma distinta al resto. Soy muy respetuoso con los derechos de autor, pero dado que quien los infringe es otro, me permito decirles que este epílogo lo pueden encontrar aquí. Y aquí tienen un extracto de párrafos de Puerca Tierra . Merece la pena comprar la trilogía entera.

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