Dibujo de Juan Salvador. Payesa mallorquina.

Estoy en Menorca, mi tierra, donde me acaban de contar esta historia: dos intermediarios queseros (Menorca es la tierra del queso) presionan a un productor independiente para que deje de vender queso por su cuenta, y se avenga a venderles a ellos, a dos euros menos el kilo. Utilizan todo tipo de métodos poco honorables, entre ellos el chisme (andar contando por ahí que si no tiene condiciones higiénicas, que si por su culpa los demás productores se ven obligados a cobrar menos). En resumen, los intermediarios usan su poder para que el productor se vea obligado a vender barato, de manera que los primeros puedan aumentar su margen. Ocurre también con la fruta, la leche (es habitual que se ponga como excusa que tiene poca grasa, o bacterias).

El poder de los intermediarios en la agricultura es generalizado. En cualquier lugar del mundo los agricultores pueden contar historias parecidas. Como consecuencia, muchos proyectos de cooperación son proyectos de comercialización y pretenden eliminar los intermediarios. Hay dos cosas que nos interesan especialmente:

¿Por qué los intermediarios tienen tanto poder? Hay muchas razones: en los países ricos, ellos tienen los contactos con los mayoristas y detallistas, y en los países ricos la distribución es muy cara, y no todo el mundo tiene acceso. Muchos mercados mayoristas funcionan con numerus clausus, lo que significa que sólo un número limitado puede vender en él. Los productores están desorganizados aquí y en el resto del mundo.

En los países pobres, la escasez de crédito hace que los intermediarios financien las cosechas. Esto hace que a la hora de vender, el intermediario fije el precio. A veces se añade la falta de capacidad de almacenamiento, que hace que el productor tenga prisa por vender, antes de que se estropee la cosecha (o porque ésta es perecedera).

Pero el intermediario tiene un papel en el mercado. A veces no son explotadores de campesinos, sino que trabajan con márgenes muy ajustados y siguen las variaciones de los precios del mercado. Por esto, antes de empezar un proyecto de comercialización, lo primero es estudiar si el intermediario ejerce un papel  -transporte, acopio y distribución- o no, y si hay que prescindir de él. Cuando cumplen estas tres  funciones sin presionar demasiado para bajar precios, son útiles.

En la raíz de todo, están las características de la agricultura que la hacen distinta a los demás sectores. Las principales están recogidas en tres leyes económicas: la de Turgot, la de Engel y la de King. Junto con el riesgo, y la perecibilidad de los productos, nos dicen por qué la agricultura es como es. De esto ya hablaremos en futuros artículos.

La mayoría de los que nos dedicamos a la cooperación somos de origen urbano. Cada año, en cursos de desarrollo rural, he preguntado a quienes asisten cuántos vienen del campo. Casi siempre, nadie. Es algo paradójico que quienes tienen vocación de trabajar en desarrollo rural sean urbanitas, lo que implica que hay que invertir mucho tiempo en conocer y entender la vida rural. Muchas veces caemos como paracaidistas sobre poblaciones que no entendemos, con unas instrucciones someras sobre cómo actuar.

Ilustración de Juan Salvador Aguilar

Ilustración de Juan Salvador Aguilar

Hay varias maneras de aprender sobre desarrollo rural. Una es trabajar sobre el terreno durante muchos años. Uno aprende directamente sobre la realidad, con la ventaja de la observación de primera mano, hablando y viviendo con quienes tienen que ganarse la vida cada día con su trabajo en el campo. Tiene la desventaja de ofrecer la realidad de sólo un pedacito de mundo, si uno no viaja mucho, que no tiene por qué ser igual a otros. Esto se puede completar con el conocimiento académico, que utiliza la ciencia para estudiar qué pasa en otros sitios y de ahí deducir o no leyes generales. Pero nos falta una fuente, que une lo útil a lo agradable: leer literatura o historia sobre campesinos. Para esto, inauguramos nueva sección. Animo a mis esporádicos lectores a sugerir títulos para ampliar la lista. Para empezar, mi lectura actual, Chevengur:

ChevengurCuenta cómo los campesinos y campesinas rusos acogen la revolución de 1917, que les tiene que liberar de siglos de opresión construyendo una nueva sociedad que nadie sabe bien qué aspecto tendrá. Pobres, analfabetos y sin guía, construyen el comunismo de oídas, con más buena voluntad que acierto. Literatura sobre campesinos, pero también sobre utopías y, algo que nos afecta mucho a quienes trabajamos en desarrollo rural, sobre cómo construir algo nuevo partiendo de condiciones miserables. Una advertencia: el lenguaje de Andrei Platónov es extraño (me recuerda a Paradiso, de Lezama Lima), y parece que se ríe de la miseria y la ignorancia, pero creo que no es así: en su humor negro sobre cómo se interpreta la revolución y qué poco saben aprovecharla, hay mucho amor y compasión por quienes merecerían un destino mejor. Por cierto, la estoy leyendo en catalán (magnífica traducción de Miquel Cabal):

Txevengur

donde-pongo-esto

¿Dónde pongo esto? Dibujo de Juan Salvador Aguilar

Tal como les prometí en la entrada Shakespeare y la agroindustria, les presento el artículo que Daniel Start escribió en el que ya les dije que me parecía el mejor trabajo del Overseas Development Institute, Rethinking Rural Development. Por desgracia es de pago, pero para quien se anime, este es el enlace. Habla de la economía rural no agrícola, es decir, de otras cosas además de la agroindustria, pero hay ciertos elementos en común que son los que nos interesan:

Hay varios estadíos en los que es posible instalar agroindustrias. Cuando una región está poco desarrollada, y las infraestructuras son pobres, es posible instalar algunos tipos de agroindustria que pueden vivir de los mercados locales, si no son demasiado pequeños. Pero puede llegar un momento en el que las comunicaciones de la región mejoran y entonces las agroindustrias se enfrentan a la competencia de otros mercados, que llegan a la zona gracias a las mejores infraestructuras. En este caso, se puede considerar que la agroindustria es víctima de su propio éxito.

(…) en su personal opinión pensaba que aquel que pudiera hacer crecer dos espigas o dos briznas de hierba en una superficie donde antes sólo crecía una, merecía más gratitud del género humano y prestaba un servicio más esencial a su patria que toda la casta de políticos reunida.

Jonathan Swift, Los viajes de Gulliver (Viaje a Brobdingnag).

excedentes

Dibujo de Juan Salvador Aguilar

Cuando Swift escribió esto no era tan frecuente el problema de los excedentes agrícolas, consecuencia de haber conseguido en los últimos sesenta años bastantes más de dos espigas donde antes sólo crecía una. Luego tuvieron que venir los políticos e inventaron los subsidios a la exportación de la PAC, que optan por mandar fuera de Europa los excedentes para que vayan a arruinar a los agricultores de los países pobres.
La agricultura se distingue de los demás sectores entre otras cosas por la dificultad de controlar sus inventarios. El problema no es sólo la subida de los precios: es la variabilidad. En cada bajada, pierden los agricultores y las explotaciones más débiles desaparecen o quedan relegadas a la subsistencia. En cada subida, pierden los pobres urbanos y los trabajadores rurales que dependen de salarios. Conseguir la estabilidad de precios a través del manejo de reservas estratégicas (el Estado vende grano para que no suban demasiado los precios y lo compra para que no bajen demasiado) es una solución, pero es cara, lo cual no significa que no sea necesaria. Como dijo E.F Schumacher, podemos elegir morir económicamente o vivir costándonos algo más.
Después de la subida de 2007 y 2008, queda una duda. La tendencia de los precios en los últimos sesenta años ha sido a la baja, como se puede ver en este gráfico del FMI (obtenido de World Commodity Prices: still a problem for developing countries? y modificado para publicar en Políticas agrarias y cooperación).

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La subida de precios de los alimentos de los últimos dos años ha sido grande, y el rebote a la baja no tan profundo como solían ser.
¿Estamos ante un cambio de tendencia y a partir de ahora no podemos dar por segura la abundancia de comida? (aunque haya estado siempre mal repartida). ¿Vuelve  Malthus? (quien dijo que la población crecería por encima de la disponibilidad de alimentos). Permanezcan atentos a sus pantallas.