Démosles a los pobres nuestras sobras. Dibujo J.S. Aguilar

Démosles a los pobres nuestras sobras. Dibujo J.S. Aguilar

Tanta tontería con el desperdicio de comida (food waste) sólo podía terminar así. En este artículo ya me quejaba de que quienes hablan tanto de que el desperdicio de comida sea un problema transmiten varias ideas equivocadas. La principal de ellas es que el problema es de distribución (ojo, de comida, no de ingresos). Es decir, que si sobra comida en el norte entonces en el sur pasan hambre. Quien piensa esto es que no entiende el funcionamiento de la agricultura (cuya principal característica es la variabilidad de la producción estacional) y entiende todavía menos la pobreza, cuya solución no pasa por enviar comida (fuera de las emergencias, y aún así con cuidado). En la idea del desperdicio como problema hay aciertos: que evitarlo ahorra insumos agrícolas. Esto es cierto. Pero no es lo que la mayoría de la gente capta cuando se expone el problema.

Como consecuencia, lo que tenía que pasar ha acabado pasando. Owen Barder, del excelente Centre for Global Development, denuncia que el Reino Unido va a empezar un programa piloto para llevar las sobras británicas a África. Que lástima, uno que creía que la profesionalidad del DFID era a  prueba de políticos, y que entendían algo básico en cooperación: que el hambre no se debe (generalmente, aunque a veces sí) a la falta de comida sino a no poder comprarla.

Actualización: sólo un mes después (y gracias a Josep Ferrer, que me avisa), me doy cuenta de que el 1 de abril es el día de los inocentes, y ese es el día en que Owen Barder escribió esto. Pero como sigo pensando lo mismo sobre el desperdicio, ahí lo dejo, para solaz y esparcimiento de los raros lectores de este blog. (Gracias, Josep).

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