Cambio social


David Hume, uno de los héroes de Haidt

Hace tiempo que este blog se fue por los cerros de Úbeda y todavía no ha vuelto. Mis lecturas de vacaciones tienen poco que ver con la cooperación, pero todavía es posible encontrar un vínculo: algunas son para explicar por qué somos como somos. Entre las frases brillantes pero que necesitan mucha explicación está “el desarrollo es un estado de la mente“, por eso me interesa entender cómo pensamos.
Mi última lectura ha resultado reveladora: The Righteous Mind (la mente recta, u honesta), de Jonathan Haidt.
En pocas palabras: Haidt intenta explicar por qué hay personas buenas con visiones opuestas de la política y la religión . Lo hace de una manera brillante y pedagógica. Sirve para entender cómo la evolución ha conducido al ser humano a través de miles de años de adaptación hasta modelar nuestro comportamiento, y proporcionándonos unas bases morales que son más amplias que lo que la izquierda cree. No es el único ni el primero que ha dicho esto, pero sí uno de los que ha investigado con método científico sobre este tema para poder respaldar sus afirmaciones.

Haidt dice que hay una matriz moral formada por seis sentimientos:

  1. El de protección de los débiles: es la favorita de la izquierda, con diferencia.
  2. El sentimiento de libertad contrapuesto a la opresión. Segundo favorito de la izquierda, y único favorito de los libertarios (especie política frecuente en los EEUU).
  3. El sentimiento de justicia, como opuesto del engaño. Es una adaptación evolutiva para evitar “free riders” (gorrones que se aprovechan del trabajo de otros).
  4. Lealtad como opuesto a traición: adaptación destinada a mantener la cohesión del grupo.
  5. Autoridad como opuesto a subversión: sirve para mantener jerarquías y mantener el orden en el grupo.
  6. Pureza (Sanctity en el original), como opuesto a la degradación. Aquí entra desde las ideas conservadoras de virginidad, el cuerpo como templo, la vida sagrada desde la concepción, hasta las predominantemente izquierdistas sobre pureza alimentaria (lo que como es sagrado).

Pues bien, la derecha reparte sus preferencias más o menos igual entre cada uno. La izquierda, los tres primeros, y los libertarios sólo el segundo. Esto proporciona un esquema muy fácil de entender sobre cómo piensan los votantes de todos los partidos.

Hay un par de cosas  mejorables:

  • Sus lecturas son muy anglosajonas (los alemanes estudiaron mucho este tema desde los años sesenta, y él básicamente los ignora).
  • Tiene cierta tendencia a confundir explicar el por qué de las cosas con su justificación: entender que hay bases morales más allá de la izquierda no implica darlas por válidas, ni dedica espacio a mencionar sus efectos perniciosos (disparar a niñas que quieren estudiar, u oponerse al aborto aún con riesgo de la vida de la madre).

¿Para qué sirve todo esto? Sobre todo para entender cómo piensa gente de otra cultura o ideología, pero también para desentrañar la propaganda política. La derecha entiende muy bien esto: sabe qué teclas tocar cuando llegan las elecciones, y tiene ventaja porque puede llamar al patriotismo, a la necesidad de autoridad para salir de la crisis o al  siempre socorrido tema del aborto. Somos muy primarios: los cerebros de la mayoría de la gente son muy receptivos a la llamada de la selva (o de las sabanas africanas, que es de donde salimos con este equipo de serie).

LEGER-Constructeurs

Leger, Les constructeurs

Aunque este blog es para hablar de cooperación, a veces hay que mirar hacia el norte para intentar entender qué pasará en los países pobres y de ingresos medios dentro de veinte años. O simplemente nos miramos el ombligo quienes escribimos desde el norte por lo preocupante que es todo lo que está pasando. Es sabido que el capitalismo aprovecha las crisis para apretar las tuercas a lo que queda de la clase trabajadora, y hoy en día así sigue ocurriendo. El problema es que no nos damos cuenta de que este cambio es estructural y el mundo que viene va a ser muy distinto del precedente, sobre todo por una razón: quién se queda con el aumento de la productividad y dónde van los puestos de trabajo perdidos.
He leído  el librito The Race Against the Machine, How the Digital Revolution is Accelerating Innovation, Driving Productivity, and Irreversibly Transforming Employment and the Economy, de Erik Brynjolfsson y Andrew McAfee. Este trabajo lo ha pagado el MIT, por lo que el diagnóstico es muy preocupante, pero el pronóstico es optimista (el MIT no puede ser tecnoescéptico).

Para Brynjolfsson y McAffee, estamos ante un cambio estructural en el que los puestos de trabajo que se destruyen por el aumento de la productividad (el avance tecnológico) ya no se reponen suficientemente rápido en otras áreas de la economía. Jeremy Rifkin ya llamó esto en 1995 “el fin del trabajo” (quizá algo exagerado como es él, pero los dos del MIT tienen más argumentos veinte años después para confirmarlo. B. y M. argumentan que la duplicación de la capacidad de los ordenadores -y más aún el software- conseguirá que las máquinas hagan cosas hasta ahora impensables, destruyendo cada vez más puestos de trabajo. Cada vez más, las ganancias en productividad se las ha quedado el capital y no el trabajo (es decir, los ricos dueños de las fábricas, no la clase obrera).

Las conclusiones son: los puestos de trabajo que la automatización ha destruido ya no se están recuperando y el paro estructural es más difícil de combatir. Las soluciones que proponen no son soluciones, porque dependen de la buena voluntad de los dueños del capital. Las recetas son las habituales: más formación, más emprendedores, más innovación… pero eso no va a sustituir los puestos de cajera perdidos en los supermercados.

En este artículo de Robert Skidelsky la propuesta es reducir el tiempo de trabajo para repartir el poco que queda. Pero esto es lo mismo que decirles a los dueños del capital que tendrán que renunciar a parte de sus ganancias para mantener puestos de trabajo. No lo harán si no se sienten amenazados. Quizá la clave está en una frase cada vez más popular a medida que la crisis avanza: la crisis acabará cuando el miedo cambie de bando. ¿Llegará a ocurrir?

Feliz año. Me he propuesto  para 2013 prodigarme un poco más en este blog.

Una de mis citas favoritas es de Gandhi, pero no he sido capaz de localizarla desde que la leí hace años. Al parecer, cito de memoria, Gandhi dijo que nos esforzamos inútilmente en encontrar un sistema político que no necesite que la gente sea buena. Fin de la cita. El socialismo no construyó al hombre nuevo, sino algo bastante peor, si uno se fija en Rusia. El capitalismo tampoco se ha esmerado mucho, en los EEUU ha logrado producir un número alarmante de pistoleros y en todo el mundo han prosperado los banqueros ladrones.

El drama actual de la humanidad, mientras busca respuestas a problemas económicos, ecológicos y sociales, es que se ve obligada a descartar muchas posibles soluciones económicas por falta de fe en el buen comportamiento de las personas que sería necesario para que esta política funcionara. Es decir, la política pública X funcionaría, si no fuera porque no pagamos nuestros impuestos, o tratamos de engañar a la seguridad social, o nos escaqueamos del trabajo o contaminamos la tierra y el agua si nadie mira, etc. Por todo eso, tiene poco sentido pensar en soluciones socioeconómicas sin saber cómo crear buena gente. Parece que algunas sociedades, como las protestantes, han funcionado mejor en estos aspectos, pero no vamos a entrar en detalle (algo dije sobre esto aquí).

Es difícil encontrar discursos inteligentes sobre cómo contribuir a que haya más buena gente porque  cuesta distinguir el grano de la paja, por estar mezclados con los artículos new age y libros de autoayuda. Este video, de Roman Krznaric ilustrado por RSA (ilustradores ilustrados), propone la extraspección (traducción de “outrospection”) como método para mejorar el mundo. La extraspección es lo contrario de la introspección: es mirar hacia el otro intentando ver las cosas desde su punto de vista. Es decir, empatía. 

La empatía puede servir, por un lado, como parte del arte de vivir. Por el otro, como herramienta para el cambio social (tan peligrosa que puede engendrar revoluciones).

Una aportación interesante es que moderniza el concepto de bondad, que se queda corto en aspectos como el espacio (ser buenos con los que están lejos) y el tiempo (ser considerados con los no nacidos para no dejarles un mundo en ruinas). La sucesora moderna de la bondad, la solidaridad, de tan usada ha perdido el significado (igual que le pasa a la sostenibilidad).

Es la falta de empatía la que no permite ver que dejamos en herencia el cambio climático a nuestros nietos. Hay gente excelente que no se da cuenta de su contribución al cambio climático porque sus efectos son demasiado abstractos. No se ve a quienes afecta ni cómo les afecta. Krznaric propone que la buena gente aprenda a tener en cuenta a los que están lejos y a los que todavía no han nacido.

El siguiente artículo llegará uno de estos días. Intenta responder a otra pregunta que debería preocuparnos: ¿Por que gente  buena vota a la derecha? Y mucha de esta gente es pobre: vota en contra de sus propios intereses.Disfruten el video de RSA.

 

Arthur Cecil Pigou

Con esa especial habilidad que tienen los economistas para nombrar lo obvio y hacerse famosos, Pigou y Dalton enunciaron el principio según el cual cualquier transferencia de dinero de un rico a un pobre disminuye la desigualdad. De tan evidente, resulta sorprendente que en nuestras decisiones diarias tengamos a estos señores tan poco presentes.

La crisis económica que sufren los países del norte del Mediterráneo es el primer paso de una serie de consecuencias naturales que nos llevan a lo que Hans-Peter Martin definió como la sociedad 20/80, en la que un 20% de la población retendría los buenos salarios, mientras que el 80% restante malviviría con trabajos de mierda entretenidos con fútbol y televisión basura. Algo bastante parecido al camino que llevamos en algunos países ex-ricos, como España, Grecia y Portugal.

La globalización que nos lleva a esto en algunos países es la misma que está reduciendo la pobreza en países como China o Vietnam. Es, simplemente, una transmisión de puestos de trabajo y consumo. Es una nivelación por debajo de los salarios, pero la desigualdad aumenta tanto aquí como allá. Los ricos son más ricos en todo el mundo, mientras que los salarios industriales de los pobres van convergiendo. ¿Se puede hacer algo?

Ahí entran los tanques: el lema de Pepe Esquinas, tu carro de la compra es tu carro de combate. El consumo es una de las mejores armas con las que contamos, aunque no la única. Usémosla bien.

Reparte tu gasto. No compres todos los productos made in China, pero no dejes de comprar todo lo hecho en China. La nivelación es inevitable: los países pobres tienen derecho a prosperar, pero el hundimiento de las clases medias de aquí no será bueno para la democracia: el fascismo espera agazapado y ya triunfa en Grecia y Hungría.

Esto implica que algunas de las cosas que comprarás serán más caras. No importa: E.F. Schumacher dijo una vez que eligiéramos si queríamos morir económicamente o preferíamos vivir costándonos algo más.

Compra productos de comercio justo. Gasta menos en teléfonía móvil y en gasolina, y más en servicios que los autónomos proveen. ¿No tenías pendiente hacer reformas en casa? Si tu puesto de trabajo no peligra -poca gente puede decirlo- es el momento de hacerlas. Pon parte de tu dinero, si tu hipoteca no te permite ponerlo todo, en una cooperativa de crédito.  Todo esto no es mucho, pero es algo. Seguramente se te ocurre algo más para evitar que tu dinero vaya a los que ya son muy ricos.Pigou y Dalton hubieran estado orgullosos de ti.

Duelo a garrotazos, de Goya

Duelo a garrotazos, de Goya

Antes de la crisis económica, una de las ideas que tenía sobre la diferencia entre países ricos y pobres es que los países ricos eran aquellos que podían mantener a sus propios políticos y empresarios corruptos (o temerarios, con el mismo resultado) sin que su economía se resintiera demasiado. Después de la crisis, veo que la corrupción en España ha tenido un papel considerable en el aumento del gasto público y ha contribuido a que los números se hayan hecho insostenibles, con lo cual la teoría quedado invalidada. Los países que han sorteado la crisis, como Alemania, o los que disimulan que la tienen haciendo ver que no va con ellos, como la Gran Bretaña, se han apresurado a sacar aquello de los PIGS (Portugal, Italia, Grecia y España, pero también “cerdos” en inglés) como queriendo decir que no tenemos remedio. ¿Lo tenemos?

Lo primero es ver si tenemos parte de culpa. Para mi, la tenemos, porque los gobernantes que tenemos los hemos elegido. Luego viene saber si  ser como somos es una explicación de por qué los países mediterráneos hemos acabado en este agujero (más la católica Irlanda, lo que sólo agrava la sospecha del componente religioso y hace que Max Weber se revuelva de regocijo en su tumba).

Una parte tiene que ver con cómo se organiza el Estado. La otra, de la que voy a hablar, es  cómo somos como sociedad, que no es más que el efecto que tiene la suma de cada manera de ser individual, y cuyo resultado es el comportamiento de todo de un país. Si fuéramos todos como son los daneses, España sería como Dinamarca. Una analogía podría ser preguntarse por qué ganan la liga siempre los mismos: ¿tiene que ver con los entrenadores, o con la calidad de los jugadores? Ambos, evidentemente, pero Guardiola con los jugadores del Alcoyano no estaría donde está. Entonces, la composición de individuos importa en una sociedad.

Entonces, ¿somos los católicos meditarráneos peores para la economía? En 1955, los antropólogos gringos Edward C. Banfield y Laura Fasano se fueron pasar un año a un pueblo del sur de Italia y escribieron un librito titulado “Las bases morales de las sociedades atrasadas” (en inglés). Si alguien tiene interés en echarle un vistazo, es muy interesante, especialmente a partir de la página 85. Resumen en 17 puntos su explicación de por qué Montegrano (nombre ficticio) era rematadamente pobre.  Todo se fundamenta en una hipótesis: el comportamiento de las personas se basa en maximizar la ventaja material a corto plazo de la familia nuclear, y asumir que los demás harán lo mismo.  Aquí hay una muestra:

  1. Sólo se apoyará a un grupo o asociación si es para beneficio propio.
  2. El bien público es cosa de funcionarios. Si un ciudadano no funcionario demuestra interés público, algo raro pasa.
  3. Nadie supervisará el trabajo de los funcionarios, sólo otros funcionarios.
  4. La gente ignorará la ley cuando no tenga razones para esperar un castigo.
  5. Los funcionarios aceptarán sobornos. Pero si no los aceptan, la sociedad pensará igualmente que los acepta.
  6. Los más débiles preferirán un regimen político de mando dura.
  7. Cualquiera que diga que se inspira en el bien público será considerado un farsante.
  8. No habrá ninguna relación entre la ideología abstracta  y el comportamiento concreto.
  9. El interés a corto plazo  guiará el voto por encima del interés público o de clase.

Y así hasta los 17 puntos. En 60 años muchas cosas han cambiado, y no todas las regiones ni países PIGS ni los que han sufrido su colonización son iguales. Pero, visto lo que está pasando en Valencia y Mallorca, ¿a que nos queda un ramalazo?

En la loable lucha por un planeta más sostenible y sin pobreza no todas las soluciones aportadas con buena voluntad van a funcionar. De hecho, uno de los grandes problemas de nuestro sector (ONG para el desarrollo y ecologistas) es que erramos el tiro con frecuencia porque consideramos certeras las soluciones sólo porque muestran un escándalo -el hambre, la destrucción del medio- que compartimos todos. Pero compartir el escándalo no significa compartir las soluciones, que pueden ser mucho más complicadas.

Últimamente se habla mucho de Despilfarro (Waste, en inglés), de Tristram Stuart, autor de un libro de historia del vegetarianismo. El libro es grueso, pero para quien esté interesado puede ver reseñas (como esta) y entrevistas (como esta), suficientemente informativas como para poder hacerse una opinión.

Lo primero que me llama la atención son afirmaciones en estos enlaces de arriba como “”Calculé que si recogiera toda la comida despilfarrada en Gran Bretaña en un solo día, podría ofrecer una comida a 60 millones de personas”. “Deberíamos conseguir que los excedentes de comida fresca y comestible llegaran a las personas hambrientas, y a la vez eliminar los excedentes innecesarios que estamos creando”.

La primera frase muestra una ignorancia supina de cómo funciona el hambre: es un problema económico y político que no se soluciona repartiendo comida: el 80% de la gente que pasa hambre son productores de comida. No queremos repartirles comida, queremos que la produzcan. La segunda parece ignorar dos de las características de la agricultura, que son la variabilidad de la producción, y que los productos son perecederos.

Y hay cosas que creo que confunde:

Residuos con excedentes:

Se tratan de forma intercambiable en muchas partes del texto, cuando no son lo mismo. Una cosa es lo que tiras después de usar, y otra que sobre producción cuando la cosecha ha sido mayor de lo esperado. La fruta es perecedera, no es raro que haya que tirarla. Se produce mucha más de la que se come y se distribuye, pero si no se vendiera, se quedaría en el árbol y se desperdiciaría igual (como de hecho muchas veces ocurre). La cantidad de comida que se produce varía porque así son las cosechas: a veces buenas y a veces malas. Si son buenas, el exceso de comida es un problema para todo el mundo. Y no puedes repartir la que sobra: millones de agricultores se han arruinado por recibir los excedentes de otros países, tanto ricos como pobres.

El todo con la parte: 

Stuart expone como un problema que un agricultor produzca un 25% más de lo justo para asegurar el contrato con una empresa que le compra, pero luego establece como razonable que un sistema alimentario tenga un 30% de holgura (con lo cual, siguiendo la ley de los grandes números, todos los agricultores deberían producir un 30% más que el consumo esperado.

Los sistemas alimentarios tienen que funcionar holgados. Las escaseces (lo que él critica es que siempre  haya que tener alimentos disponibles en las tiendas) tienen dos efectos: pierdes el cliente, y suben los precios. Precisamente el problema que hay ahora con los precios de los cereales en gran parte está causado porque el margen de holgura (las reservas) es demasiado escaso.

Cosas en las que sí estoy de acuerdo:

  • En general, acierta con que hay un problema de exceso de producción disponible para la venta, pero yerra con las soluciones, que no pasan por repartir lo que sobra, porque es inviable hacerlo a gran escala (sobre todo, con lo perecedero), y sería económicamente contraproducente.
  • Es cierto que si tiramos menos se producirá menos. Es poco probable que sea fácil hacerlo. Es una falacia parcial que si consumes menos el sistema va a desperdiciar menos. Es cierto si tiras menos comida de la que has comprado. Esto animo a hacerlo a todo el mundo. Pero hay que distinguir entre la comida que se tira porque no se come en casa, de la que tienen que tirar los distribuidores porque tiene que haberla disponible en el mercado. Es probable, pero habría que demostrarlo, que si consumimos menos los distribuidores ajusten las cantidades.
  • Es un problema enorme que la comida, especialmente el grano, se pierda en los países pobres antes de la distribución. Eso hay que solucionarlo sin duda alguna.
  • Todo lo que se pueda repartir gratuitamente tiene que hacerse, pero sólo a quienes lo necesitan. El problema es aquí lo que en inglés se dice “targeting”, y es caro y complicado: decidir a quién le das. Hay que hacerlo, de todos modos, pero esto se va a llevar una cantidad ínfima. Si distribuyes más de la cuenta, los que se resienten son el productor y el distribuidor (y su supervivencia también es necesaria para el sistema). Cuando las reservas de grano en los países pobres han repartido comida indiscriminadamente, en algunos casos han desaparecido los intermediarios, y el problema del hambre se ha agravado en vez de mejorar.
  • Desechar por razones cosméticas (patatas con ojos, manzanas feas) es una tontería cuando el defecto es mínimo (pero es difícil poner la frontera, aunque claramente ahora es una exageración tirar una zanahoria porque está torcida).

¿Consiste la propuesta en ajustar más la producción del sistema? Es posible hasta cierto punto, pero ciertamente no será tan grande como afirma el autor. Qué difícil, separar el grano de la paja entre todas las buenas voluntades que intentan arreglar el mundo, pero algunas propuestas hay que desecharlas, aunque sea paradójico en este caso.

No se pierdan este video de ACH. Emociona ver como el problema del hambre se resolvería si fuéramos como niños. El resultado fue veinte de veinte.

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