Máster en cooperación para el desarrollo


Cómo elegir un máster de cooperación. Dibujo de J.S.Aguilar

En estos artículos hablábamos de los máster de cooperación que se pueden estudiar en España. Pero el mundo es ancho y es posible pensar en otros sitios.

Fernando Ledo ha preparado este Catálogo sobre cursos de Posgrado en Economía Internacional, Comercio y Desarrollo, que, tal como dice el texto, muestra “los planes de estudio de posgrado en temas de economía internacional, comercio y desarrollo que actualmente ofrecen diversas universidades en el mundo. El objetivo principal es identificar los contenidos en los planes de estudio existentes. Por lo tanto, esta recolección de información buscó exponer de forma simple, pero detallada, la oferta de asignaturas. A su vez, se destacaron demás aspectos importantes que conforman el perfil de cada plan de estudios, como ser el tiempo de duración y el carácter de cada asignatura dentro del plan. (…) Fueron incluidos en seis diferentes regiones: América del Norte, con Estados Unidos y Canadá; Europa Continental, con Alemania, Francia, España y Polonia; Asia con China, Japón, Cambodia, Tailandia, y Singapur; Latinoamérica con Argentina, México, Brasil y Uruguay; Australia en la región de Oceanía y Países Nórdicos con Suecia y Noruega. El Reino Unido se ha considerado de forma separada. Si bien la Unión Europea se encuentra en un proceso de homogenización de su sistema de estudios (Plan Bolonia), tanto la oferta como el sistema universitario británico cuenta con rasgos propios que fueron destacados en la región Reino Unido”.

Es muy útil para comparar qué se cree que es importante saber para entender el desarrollo. Hay una cincuentena de fichas con las asignaturas y el enlace a la web de cada universidad.

El mago Merlín, de Gustavo Doré

Este es un trozo de la novela Camelot (en inglés, The Once and Future King), de T.H. White . Lo pongo aquí porque me gusta, y para motivar a los infrecuentes lectores, en el caso de que lo necesiten:

“Lo mejor para la tristeza –contestó Merlín– es aprender algo. Es lo único que no falla nunca. Puedes envejecer y sentir toda tu anatomía temblorosa; puedes permanecer durante horas por la noche escuchando el desorden de tus venas; puedes echar de menos a tu único amor; puedes ver el mundo a tu alrededor devastado por locos perversos; o saber que tu honor es pisoteado por las cloacas de inteligencias inferiores. Entonces solo hay una cosa posible: aprender. Aprender por qué se mueve el mundo y lo que le hace moverse. Es lo único que la inteligencia no puede agotar, ni alienar; que nunca la torturará, que nunca le inspirará miedo ni desconfianza y que nunca lamentará, de lo que nunca se arrepentirá. Aprender es lo que te conviene. Mira la cantidad de cosas que puedes aprender: la ciencia pura, la única pureza que existe. Aprender astronomía en el espacio de una vida, historia natural en tres, literatura en seis. Y entonces, después de haber agotado un millón de vidas en biología y medicina y teología y geografía e historia y economía, entonces puedes empezar a hacer una rueda de carreta con la madera apropiada, o pasar cincuenta años aprendiendo a vencer a tu contrincante en esgrima. Y después de eso, puedes volver con las matemáticas hasta que sea tiempo de aprender a arar la tierra”.

Esto viene a cuento porque, de estar dispuestos a aprender nuevas cosas, vamos a tener que elegir qué. En el mundo de la cooperación hay dos tendencias, que no deberían ir separadas: el método y el contenido. Tengo la sensación, que no se basa en datos probados, de que abunda más la pericia en el método que en el contenido. Viendo el resultado de muchas evaluaciones, se ve que quien evalúa sabe evaluar, pero que no entiende de lo evaluado (sea un proyecto de comercialización, un banco ganadero o el fomento de microempresas). También ocurre lo contrario, pero lo he visto menos veces. Y así ocurre cada vez más que en las organizaciones (del norte, no del sur) falta gente que sepa de cabras, motobombas o semillas, y hay cada vez más gente que sabe de marco lógico, Grandes Líneas de La Cooperación Bilateral, o métodos de evaluación. Ambas facetas son necesarias, pero una, la de los contenidos, está más descuidada que la otra.

Las maestrías de cooperación no ayudan. Echando un vistazo rápido a un puñado de temarios, se ve que están centrados en las generalidades y tienen poca especialización en los detalles. Algunas excepciones hay, pero esas las comentaré en otro artículo.

Estudiar un máster -llamado maestría en América Latina y magister en algún caso- suele ser una de las formas académicas de obtener los conocimientos necesarios para trabajar en cooperación. En España hay una oferta variada, tanto de presenciales como a distancia. La calidad también varía: no es igual el grado de especialización, la experiencia del profesorado o la cantidad de investigación o trabajo sobre el terreno que se hace. En esta página de Universia hay un listado de los máster que se pueden estudiar en España. No están todos, ni está completamente actualizada, pero es lo más exhaustivo que he encontrado.

A la hora de elegir uno, hay varias cuestiones que tener en cuenta:

– ¿Para qué lo quieres? ¿Qué esperas aprender? ¿Para qué tipo de trabajo?

– La calidad del profesorado: busca en el google académico qué publicaciones tienen y de qué nivel. No es lo mismo una maestría que selecciona a sus profesores de entre lo mejor del sector -que las hay-, que otra que tira de su cantera (que puede ser buena, pero que tiene a padecer de los males de la endogamia universitaria). Cuantas más personas expertas invitadas, mejor.

– El grado de especialización. Hay demasiados máster que se limitan a hablar de por qué existe la pobreza (contexto económico e histórico) y quiénes se dedican a hacer algo (instituciones internacionales, cooperación bilateral y ONG). Salpimentado con un poco de marco lógico, y a correr. Esto sirve de poco. Las maestrías deberían ser capaces de ofrecer detalles sobre el qué hacer, y eso lo da la especialización. Es una rareza encontrar una maestría que te hable de cómo tienen que ser los proyectos de comercialización, agroindustria o extensión agraria. Saber de marco lógico y no saber de sanidad, agricultura o arquitectura es lo mismo que conocer el instrumental quirúrgico sin saber anatomía: no sabes dónde cortar o coser. Busca un máster especializado.

– Cuándo hacerlo: es mejor después de haber trabajado en el terreno, si es posible. Si te vas a gastar 4.000 € en una maestría, bien merece gastar otros 4.000 en una estancia larga en una ONG del sur, aunque sea de trabajando de forma voluntaria. Verás la maestría de otra manera cuando sepas cómo es la realidad.

– No descuides lo que no te suele dar la maestría: la mejor inversión es aprender a escribir. Es lo que más escasea en el mundo de la cooperación hispanohablante (a diferencia del anglosajón, donde esto se trabaja mucho). Quien escribe bien triunfa en la consultoría, si es capaz de escribir buenas evaluaciones, formulaciones, identificaciones, o un marco lógico que se entienda. En este artículo mostraba algunos libros que pueden ayudar. La segunda mejor es aprender inglés. El pensamiento sobre cooperación en español es escaso, los artículos más interesantes e importantes están en inglés. ¿Cuántas revistas de cooperación hay en español?

– Y finalmente, el consejo de expertos: este es Chris Blatman, diez cosas que les dice a sus estudiantes. Son para la universidad de Yale, algo distinta de las españolas.