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Últimamente no escribía porque pensaba que dada la algarabía reinante, con la prima de riesgo como tema principal de conversación después del fútbol, tenía poco sentido soltar unos graznidos desde aquí que van a terminar diluidos en el escándalo de la bandada. Pero en fin, ahí vamos.

Proliferan en facebook unos rectangulitos a veces muy elaborados con mensajes políticos. Como corresponde a mis congéneres de facebook, son sobre todo de izquierdas. La mayoría de estos rectangulitos son manifiestamente falsos, algunos sólo llegan a sesgados y simplistas. Además, acabo de leer un documento de trabajo con una serie de mensajes que podría calificar como mínimo de imprecisos.

De todos es sabido que los políticos mienten en la mayoría de sus declaraciones, y que ellos consideran su deber hacerlo. El dilema es el siguiente: ¿tenemos que hacerlo también nosotros? ¿es bueno que se difunda un mensaje jaleando a Hollande, lleno de falsedades aunque suenen bien? ¿que comparemos peras con manzanas al decir que a unos les va bien porque hacen a y a otros mal porque hacen b? ¿que no tengamos en cuenta de dónde venimos y cómo hemos llegado hasta aquí?

Una vez me encontré con un dirigente de Vía Campesina (quizá lo he contado ya, envejezco y me repito) al que pregunté si se creía lo que decía. Me dijo que obviamente no, pero, ¿hubiéramos llegado donde estamos diciendo sólo la verdad? Ese es el dilema. ¿Tiene sentido mandar mensajes sensatos, precisos y bien fundamentados, o con la zarabanda actual de carteles de medias verdades nos sirve para deshacernos de los inútiles que nos gobiernan?

Un amigo me comentaba que hacía demasiadas preguntas y daba pocas respuestas. Será la última vez. Pero en este caso, de verdad que no sé qué es correcto. Sólo que me siento incómodo viendo cartelitos supuestamente de tu bando que a veces dan vergüenza ajena…

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Esta madrugada ha terminado una reunión de la cosa de Europa algo más importante que las demás. Aparte de que la alemana y el francés sumiso han institucionalizado en las constituciones europeas la austeridad como futura forma de vida (léase eliminar gasto social, camino seguro hacia la recesión y el desastre –firma aquí contra esta imposición-), ha quedado patente el aislamiento de la Gran Bretaña, que no ha querido ni la más mínima regulación de su industria financiera. Esto no es nada nuevo: sólo sigue la tradición antieuropeísta de los británicos. Nada mejor que la serie Sí Ministro, tan utilizada en este blog, para poner un ejemplo. Es del episodio 5 (no he encontrado el video en youtube, quizá alguien puede ayudarme a encontrarlo):

Sir Humphrey: Minister, Britain has had the same foreign policy objective for at least the last five hundred years: to create a disunited Europe. In that cause we have fought with the Dutch against the Spanishwith the Germans against the Frenchwith the French and Italians against the Germans, and with the French against the Germans and Italians. Divide and rule, you see. Why should we change now, when it’s worked so well?

Hacker: That’s all ancient history, surely?

Sir Humphrey: Yes, and current policy. We had to break the whole thing [the EEC] up, so we had to get inside. We tried to break it up from the outside, but that wouldn’t work. Now that we’re inside we can make a complete pig’s breakfast of the whole thing: set the Germans against the French, the French against the Italians, the Italians against the Dutch. The Foreign Office is terribly pleased; it’s just like old times.

Hacker: But surely we’re all committed to the European ideal?

Sir Humphrey: [chuckles] Really, Minister.

Hacker: If not, why are we pushing for an increase in the membership?

Sir Humphrey: Well, for the same reason. It’s just like the United Nations, in fact; the more members it has, the more arguments it can stir up, the more futile and impotent it becomes.

Hacker: What appalling cynicism.

Sir Humphrey: Yes… We call it diplomacy, Minister.

 

Cuánto mejoraría nuestro sector de la cooperación el día que dejemos de dinamizar, articular, implementar, integrar, sistematizar, y renunciemos a lo sistémico, holístico, integral y sostenible,

Y digamos claramente qué queremos hacer, en lenguaje llano: más maíz, más poder de negociación, mejores casas, mejores trabajos, buenas técnicas agrícolas, influencia para cambiar leyes y hacer que los gobiernos cumplan, limitar los desmanes de los grandes propietarios y poner coto a sus robos. ¿Se entiende mejor?

Es que a veces parece que escribimos para que no se nos entienda. Hay días en que estas lecturas se me suben a la cabeza, y como Don Quijote amenazo con salir al mundo a detonar procesos epistemológicos (juro que lo he leído así, tal cual). ¿Qué querrían decir?

En el artículo anterior hablaba de la roya del trigo. Fue otro hongo, el  Phytophthora infestans, el que, junto con la aristocracia británica, redujo la población irlandesa en una cuarta parte e hizo emigrar a un millón en 1.740.
Hoy la plaga que les hace emigrar es el rescate del banco Anglo-Irish. Esta mañana escuchaba en la BBC a los jóvenes irlandeses: la mayoría pensaba que lo mejor era irse, ante la perspectiva de pagar 800 euros por barba (en impuestos, o en descuentos salariales), necesarios para rescatar el banco.
Qué tiempos. En el siglo XVIII la economía se basaba en cultivar patatas. Ahora se trata de pastorear dinero, buscando los intereses más jugosos (la expresión es de Paco Umbral). Ambos son sensibles a plagas y enfermedades, y cuando ocurren, hay que liar el petate.

Hoy hace 30 años del asesinato de Óscar Arnulfo Romero. Dijo que si le mataban resucitaría en el pueblo salvadoreño. Pasé seis años allá, y puedo dar fe de que así fue.

San Romero de América

La saturación de necesidades produce excedentes. Dibujo J.S. Aguilar

No es una llamada a las barricadas. No se trata de Engels, el revolucionario, sino de Engel, el estadístico. En el artículo sobre la Ley de King-Davenant empezábamos a hablar de por qué la agricultura es distinta de la industria y los servicios. La ley de Engel es el segundo paso para explicarlo (esto lo escribí hace algunos años aquí. Me cito por la pereza de escribirlo de nuevo):

A medida que la renta per cápita se eleva, desciende el porcentaje de gasto total que se destina al consumo de productos alimenticios. En términos económicos se formula diciendo que la elasticidad de la demanda es menor que la unidad. La rigidez de la demanda, que viene dada por la temprana saturación de las necesidades, tiende a producir excedentes de producción y por consiguiente bajadas bruscas de precio.

En un lenguaje un poco más llano, significa que cuando tenemos más dinero no lo gastamos en comida, sino en ipods, coches y pisos. Entre otras cosas, porque nuestra capacidad de comer tiene un límite, y si somos más ricos, comemos cosas más caras, pero tres veces al día, no seis. Esto significa que la agricultura ocupará cada vez un porcentaje menor de la riqueza nacional. Donde ha sido posible reducir el tamaño del sector (al tres o al cinco por ciento), se ha podido mantener la renta. Pero en los países que no han podido reducir la cantidad de gente que vive del campo (algo con lo que muchos localistas y luditas no suelen estar de acuerdo), los campesinos han tenido que repartirse un pastel cada vez más pequeño (porque el pastel que crecía era el de industria y servicios).

Esto, en los cincuenta, tuvo una consecuencia relacionada con la política económica: la teoría de la dependencia y la sustitución de importaciones, que se originó a partir de la hipótesis de Prebisch-Singer. Pero esta historia, muy interesante, ya será para otro día.