En artículos anteriores (sobre todo en este) salió el tema del poco aprecio que tienen los gobiernos de los países pobres por la agricultura familiar. Es entendible que prefieran las grandes empresas: es más fácil cobrarles impuestos, porque perseguir a unas docenas de éstas cuesta menos que hacer pagar a miles de agricultores. Convencer a los gobiernos de que la agricultura familiar tiene muchos beneficios para la economía es un trabajo difícil: reducir la pobreza, favorecer la demanda interna y conservar el medio ambiente, son todos logros de poco lucimiento en las estadísticas nacionales pibcentristas.

En el Perú, una campaña en la que participa Oxfam ha conseguido formar una alianza entre la riquísima gastronomía peruana y los campesinos que la hacen posible. Una feria gastronómica, Mistura, ha logrado que la urbanita Lima mire más allá de sus arrabales y vea que hay una agricultura familiar, que sin apoyo público produce cientos de variedades de granos, frutas y hortalizas. Pero mejor miren el video, es más ilustrativo.

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