Literatura e historia sobre campesinos


En el google académico podemos leer la cita de Bernard de Chartressobre las espaldas de gigantes“. Se refiere a que nuestro conocimiento está basado  en otro anterior,  lo que  nos permite aprender sin partir de cero cada vez. Para esto es útil saber un poco de historia, y en el caso de la cooperación para el desarrollo, se trata de conocer qué escribieron quienes empezaron a preocuparse por la pobreza rural, hace ya tiempo.

En este artículo me quejaba de lo poco que dedicamos en nuestro sector a aprender. La historia es uno de los sectores más abandonados. Cuando se intenta enseñar cooperación en maestrías o postgrados parece que se empezó a pensar en este tema a finales del siglo pasado. Pero hay mucho pensamiento anterior, muy útil.

Chayanov fue uno de los más importantes economistas agrícolas. Su obra más importante es de 1925, Organización de la granja campesina (se puede encontrar en inglés). En ella estudió cómo funciona la economía de la familia campesina, y entendió por qué ésta no pueden ser considerada como una empresa capitalista, pero tampoco feudal. Dadas ciertas condiciones, ausencia de mercado de trabajo, disponibilidad de tierra y posibilidad de vender excedentes, la familia no utiliza todo su potencial de trabajo, sino que hace lo mínimo para cubrir sus necesidades según unos mínimos socialmente aceptados. Algo que desconcierta hoy en día a muchos de quienes trabajamos en cooperación (aunque no se habla mucho del tema, por no ser políticamente correcto). Hablar de las implicaciones de este hecho alargaría demasiado este artículo, lo dejamos para más adelante, pero antes recomiendo el libro de Frank Ellis, Peasants Economics, que actualiza las tesis de Chayanov y les añade todas las novedades que ha introducido la economía del desarrollo desde 1925. Este sí es imprescindible.

Chayanov

Alexander Chayanov

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La mayoría de los que nos dedicamos a la cooperación somos de origen urbano. Cada año, en cursos de desarrollo rural, he preguntado a quienes asisten cuántos vienen del campo. Casi siempre, nadie. Es algo paradójico que quienes tienen vocación de trabajar en desarrollo rural sean urbanitas, lo que implica que hay que invertir mucho tiempo en conocer y entender la vida rural. Muchas veces caemos como paracaidistas sobre poblaciones que no entendemos, con unas instrucciones someras sobre cómo actuar.

Ilustración de Juan Salvador Aguilar

Ilustración de Juan Salvador Aguilar

Hay varias maneras de aprender sobre desarrollo rural. Una es trabajar sobre el terreno durante muchos años. Uno aprende directamente sobre la realidad, con la ventaja de la observación de primera mano, hablando y viviendo con quienes tienen que ganarse la vida cada día con su trabajo en el campo. Tiene la desventaja de ofrecer la realidad de sólo un pedacito de mundo, si uno no viaja mucho, que no tiene por qué ser igual a otros. Esto se puede completar con el conocimiento académico, que utiliza la ciencia para estudiar qué pasa en otros sitios y de ahí deducir o no leyes generales. Pero nos falta una fuente, que une lo útil a lo agradable: leer literatura o historia sobre campesinos. Para esto, inauguramos nueva sección. Animo a mis esporádicos lectores a sugerir títulos para ampliar la lista. Para empezar, mi lectura actual, Chevengur:

ChevengurCuenta cómo los campesinos y campesinas rusos acogen la revolución de 1917, que les tiene que liberar de siglos de opresión construyendo una nueva sociedad que nadie sabe bien qué aspecto tendrá. Pobres, analfabetos y sin guía, construyen el comunismo de oídas, con más buena voluntad que acierto. Literatura sobre campesinos, pero también sobre utopías y, algo que nos afecta mucho a quienes trabajamos en desarrollo rural, sobre cómo construir algo nuevo partiendo de condiciones miserables. Una advertencia: el lenguaje de Andrei Platónov es extraño (me recuerda a Paradiso, de Lezama Lima), y parece que se ríe de la miseria y la ignorancia, pero creo que no es así: en su humor negro sobre cómo se interpreta la revolución y qué poco saben aprovecharla, hay mucho amor y compasión por quienes merecerían un destino mejor. Por cierto, la estoy leyendo en catalán (magnífica traducción de Miquel Cabal):

Txevengur

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