Leo en El País en un artículo de Bloomberg que hay problemas graves en un proyecto de comercio justo en Burkina Faso. El artículo está bastante mal escrito (pero puede ser cosa de la edición). Para empezar, la entradilla dice “los programas de comercio justo no logran controlar a los agricultores que explotan a niños”. Primer error: de lo que habla el artículo es de una parte de un programa, no de los miles que existen en el mundo. Del resto de proyectos de comercio justo, nada dice, ninguna estadística, ningún estudio. Dos títulos más abajo habla de “Perversión del comercio justo” como si el sistema entero fuera perverso.

Tengo la sensación de que la cooperación en general está bajo sospecha. El libro de Gustavo Nerín (Blanco bueno busca negro pobre) va en esa línea. Gonzalo Fanjul lo comentó con acierto como hombre blanco escribe libro tonto, sobre todo por no dar tampoco ninguna cifra, basarse en anécdotas y tomar por norma general los fracasos o malos manejos que se dan en cualquier sector.

Claro que hay problemas y cosas mal hechas en la cooperación. Los he expuesto muchas veces en este blog. No dudo que lo que se menciona en Bloomberg es verdad para ese caso concreto. Pero la cooperación es el sector que más recortes -cuando no supresión completa- está sufriendo por la crisis. Cuando algo no funciona en educación, o en sanidad, en la prensa no se pone en cuestión su existencia. A veces incluso se propone -entrevistando a alguien que entienda de la materia- alguna alternativa para mejorar. Esto no sucede en este tipo de artículos o el libro mencionado: ¿se propone no hacer nada ante la pobreza que no cesa de aumentar? ¿Qué hará Victoria’s Secret, dejar de comprar algodón justo, incluso cuando lo sea de verdad?  Si el objetivo fuera mejorar el funcionamiento del sector, la manera de escribir sería otra.