Gran parte de las huestes que se oponen (o nos oponemos de vez en cuando) a los transgénicos lo hacen porque una multinacional (que suele ser Monsanto) amenaza con un producto que va a contaminar los cultivos vecinos con unos  genes por los que luego va te van a cobrar, sin que tú los hayas  pedido previamente. No se me ocurre un futuro más estremecedor que una alianza entre Monsanto y la SGAE, con agentes encubiertos de esta última buscando genes de pago en nuestros huertos.

Pero este caso es distinto. Un organismo público, la agencia brasileña Embrapa, ha preparado un frijol transgénico resistente al virus del mosaico dorado. Ahora ya no es el coco, sino una empresa pública, la que ha introducido un gen que produce la resistencia al virus. Aquí explican en un powerpoint cómo lo han hecho. No parece peligroso. Resuelve el problema, y es público. ¿Nos vamos a oponer a esto, porque en vez de producir la variedad resistente mediante innumerables cruces, lo han hecho metiendo un gen mediante ingeniosos procedimientos? Alguien podría decir que esto llevará a una uniformización de las variedades. No tiene por qué ser así: tendría que ser posible introducir el gen de la resistencia en cuantas más variedades mejor. Opongámonos a los monopolios, pero no a la tecnología. Estaremos atentos a lo que pase (gracias a Antonio Glez del Tánago por la información).

Anuncios