El Salvador, 1994.

Ahora que en estos días nos jugamos, una vez más, el futuro del mundo en las negociaciones sobre el cambio climático (en Cancún, esta vez), aprovecho para tratar un asunto bastante concreto, pero ya se sabe que el diablo está en los detalles. Imagínense que gracias a la enorme presión internacional por parte de pueblos ricos y pobres del mundo, los enviados de los mandamases del mundo reunidos en Cancún aprueban un generoso fondo verde y se dispone de un dineral. Supongamos que gran parte de este dinero es para mitigación (es decir, disminuir la cantidad de CO2 en la atmósfera) y que se hace por la vía de pagar por sembrar árboles, o por dejar de deforestar (esto se conoce como REDD+, del que aquí va un manual bien didáctico de cómo funciona). Esto sería un pago por servicios ambientales, más conocido por sus siglas en inglés, PES.

Pues bien, cuando se trata de ponerlo manos a la obra, es cuando hay que empezar a pensar cómo vamos a hacerlo para que el sistema funcione, y cuando sea posible, sea dinero que llegue a la agricultura familiar  (lo necesitan más). En este informe de Sven Wunder (Payment for environmental services: some nuts and bolts) se recoge muy acertadamente lo complicado que es este asunto: ¿es un mercado? (lo que enfrenta muchas resistencias ideológicas) ¿es una compensación? ¿Por qué se compensa, por el costo de oportunidad que tendría usar el terreno en otra cosa más productiva y menos ecológica? ¿Hay que buscar la eficiencia, o la justicia? ¿ A quién pagar? ¿A todo el mundo por igual en una comunidad, a quienes hagan un trabajo de conservación? ¿Quienes no tienen tierras -y además tituladas- no cobran? Los PES son anteriores al REDD+, y éste tiene mucho que aprender de los PES.

Hay otra pregunta que hay que hacerse: las comunidades con las que trabajamos desde hace años llevan todo este  tiempo haciendo labores de conservación sin cobrar por ello. ¿Cómo les explicas ahora que podrían estar cobrando por lo que hacen? En mis últimos dos viajes a Etiopía y Burkina los directores de dos contrapartes preferían no plantear a la gente la posibilidad de cobrar por lo que antes hacían gratis, por convencimiento. Pensaban en el peligro real de que después adopten buenas prácticas sólo si cobran por hacerlo. Como ven, muchos detalles, y bastante diabólicos. Quede claro que soy un ardiente defensor de los PES, aunque sea complicado.

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