Roya del trigo al microscopio

La duda no es una condición placentera pero la certeza es absurda.

Voltaire

Una de las debilidades de mi carácter que me dificulta ser de izquierdas es mi propensión a la duda. Si la derecha tiende al cinismo, la izquierda tiende a la posesión de la verdad con superioridad moral incluida. En la izquierda siempre hemos visto los matices como enemigos, lo que ha tenido como efecto secundario una subdivisión en capillitas hasta el infinito, porque claro, cómo van a convivir en un mismo movimiento dos matices distintos… La derecha entiende que para conseguir sus objetivos no es necesario ser amigos, basta tener intereses.

Esto viene a cuento de las posiciones habituales sobre transgénicos de ecologistas y altermundialistas. Sin duda para mi, me considero más cercano a estos movimientos que a la gran empresa, de la que desconfío absolutamente. Pero, ay, mis matices.

Las discusiones sobre transgénicos están que hierven desde la aprobación de la UE de varios de éstos. Avaaz está haciendo una campaña de recogida de firmas que está ya cerca de alcanzar el millón. El problema, como siempre, es que no distinguimos la herramienta del producto. Es como si por no gustarnos unos zapatos quisiéramos prohibir el martillo con que los fabrican, cuando en realidad quien nos cae mal es el zapatero.

En The Economist hay una historia muy ilustradora sobre el problema. Cuando el CIMMYT descubrió el gen Sr31 que confería resistencia a la roya del trigo (wheat rust), millones de personas se salvaron de la malnutrición al conseguir introducirlo en variedades de todo el mundo, con métodos tradicionales de cruce. ¿Qué hubiera podido pasar hoy en día? Veamos estas posibilidades:

  • Que el CIMMYT hubiera encontrado el mismo gen, y lo hubiera introducido en las restantes variedades mediante OGM a una velocidad récord (puesto que es mucho más sencillo).
  • Que quien hubiera encontrado el gen hubiera sido Monsanto, y lo hubiera vendido a precio de oro en cada variedad en la que se hubiera introducido.

No le veo ningún problema a la primera opción, pero sí a la segunda. Entonces, el problema de los OGM, ¿es la empresa que lo hace, o es la técnica? ¿Por qué vamos a estar en contra de los transgénicos públicos? Da miedo lo que pueden hacer las multinacionales (uno de los errores de la derecha es que piensa que lo que técnicamente puede hacerse, debe hacerse. Pensamiento muy americano), sobre todo cuando se apropian de genes que han cuidado durante siglos campesinos centroamericanos. Pero, ¿y si el gen lo han aislado y desarrollado ellos? ¿Por qué no lo van a poder introducir dentro de semillas terminator, que no lo van a traspasar a otras variedades? Porque, dicen, si Monsanto tiene el monopolio, creará dependencia de los campesinos. Quizá se trata de que el Estado garantice la conservación de las variedades, y que estén a libre disposición…

Muchas dudas. Por cierto, la roya vuelve, ha sido capaz de vencer al gen Sr31. Ahora hay que buscar otra solución antes de que se extienda. ¿Quién llegará antes, y por qué medios?

(gracias a Teresa y José Antonio por la esclarecedora discusión sobre el tema. Esclarecedora, aunque persistan las dudas).