El humo de los incendios oculta el sol

Vengo de Bolivia, decía. Tenía un viaje previsto a la Amazonía (departamento de Pando), pero fue imposible llegar debido al humo, que mantenía los aeropuertos cerrados, igual que en Rusia este verano. El humo procedía de miles de incendios, producidos por los campesinos y ganaderos que buscan preparar la tierra para la estación de lluvias. Los bolivianos lo padecían con aparente fatalismo, como si la cosa no tuviera solución. Algunas señales grandilocuentes del gobierno, como la amenaza de expropiar a los que queman, pero con pocas probabilidades de que se lleven a cabo.

La cosa es complicada. Entre la comunidad de oenegés bienpensantes, es una herejía hablar a favor del fuego. Pero la gente no quema por gusto, ni por costumbre, sino por necesidad. En España, si uno habla con los viejos del lugar, oye las historias de las quemas controladas para limpiar el bosque y hacer rebrotar los pastos. Como esto ya no se hace, tenemos grandes incendios. Pero como no es conveniente hablar de oídas, porque no lo hace nadie en el mundo de la cooperación, vayamos a las pruebas (científicas, cómo no) y veamos pros y contras. La fuente es una de las biblias del manejo de pastos, Tropical grassland husbandry, libro caro y que se encuentra ya sólo de segunda mano, pero muy bueno.

Para empezar, hablamos de la quema de pastizales, no hablamos del método de tumba y quema de bosques para conseguir más tierra cultivable o más pasto. Esto es lo que dice el libro:

A favor de la quema:

  1. Control de arbustos en los pastos: hay menos arbustos donde se quema que donde no se quema.
  2. Eliminar las partes leñosas y fibrosas que no se comerá el ganado.
  3. Obtener una composición de especies más deseable: algunas especies deseadas por los ganaderos (Panicum maximum, Hyparrenia rufa, y Andropogon gayanus) responden bien a las quemas y se hacen dominantes.
  4. Estimula el crecimiento fuera de estación y mejora la calidad de la hierba.
  5. Controla la mosca tse-tse (en África).

En cambio, uno de los factores tradicionalmente a favor, el efecto fertilizante de las cenizas, es falso, pues estos minerales hubieran llegado igualmente al suelo con la descomposición de la materia orgánica.

En contra de la quema:

  1. Reduce las reservas alimenticias de la planta disponibles para el crecimiento.
  2. Deja el suelo desnudo a merced de la erosión.
  3. Hay pérdida de nitrógeno orgánico, carbono almacenado en la tierra y materia orgánica.
  4. Las quemas descontroladas queman los bosques.

Al final, es una cuestión técnica: si los campesinos queman para ahorrar mano de obra, que necesitarían en grandes cantidades para controlar los arbustos, ¿qué soluciones se les pueden ofrecer para que no tengan que quemar, o lo hagan menos, o de forma controlada? Crowder y Chedda, los autores del libro, opinan que con quemar cada tres o cuatro años ya está bien. Hay que quemar bastante antes, no justo antes, de la temporada de lluvias, pero no demasiado pronto, porque las reservas alimenticias tienen que estar ya en las raíces, no en las hojas. El resto de métodos de control, implican mecanización (fuera del alcance de la mayoría) o mano de obra (lo mismo).

Prohibirlo es posible, pero poco realista. No talar el bosque para que no haya ganadería, nos remite a artículos anteriores sobre el control del territorio: sólo el Estado capaz de hacerlo lo conseguirá. Al final, sería la mejor solución, pero igualmente es difícil. En otro artículo les hablo de cómo en Bolivia los indígenas están logrando controlar la tierra.