Lo bueno de bloguear es que permite hablar al peso de la lengua (magnífica expresión centroamericana que significa sin pensárselo mucho). Ahí van algunas ideas relacionadas con la crisis económica, el siempre tan buscado  “modelo de desarrollo”, el incremento de la productividad y el decrecimiento. No soy economista, por lo que quizá cualquiera con más números y letras puede rebatirme. Estamos aquí para aprender.

El decrecimiento es una corriente basada en la necesidad de disminuir el consum y  la producción controlada y racional, permitiendo respetar el clima, los ecosistemas y la gente. Sus motivos son sobre todo ecológicos. Como en todo movimiento, hay defensores y detractores (véase la crítica de Matthew Lockwood, vía Gonzalo).Lo que no he visto, ha sido que este movimiento del decrecimiento se base en una disminución de la productividad, no de la producción,  por motivos económicos, no ecológicos.

Batallita: Cuando trabajaba como veterinario hace veinte años, había familias que vivían de la ganadería con diez vacas lecheras. Una reconversión del sector consiguió retirar a los que menos vacas tenían -los menos productivos- y a los cuatro años te encontrabas con que la explotación más pequeña tenía treinta o cuarenta vacas. Los que lo dejaron, se jubilaron o se fueron al sector turístico. Si hoy alguien quisiera invertir en ganado lechero, tendría que ser una explotación con cientos de vacas. Esto es una mejora de la productividad, y es buena para la creación de riqueza. Pero no es buena cuando una parte del personal se queda rezagado y no hay donde recolocarlo.

Es un problema  que en la economía en general se cree demasiada riqueza, y de tan productivos que somos vaya escaseando el espacio donde una persona con ahorros y ganas quiera hacer algo en la economía real, no financiera. El espacio para hacer cosas  se ha estrechado cada vez más. Esto se puede aplicar a todos los sectores de la economía. Hace cien años, alguien con ahorros ponía una ferretería. Hoy, si quieres poner una ferretería, es imposible si alguna de las grandes cadenas está a menos de cincuenta kilómetros. Nadie puede competir con quien tiene unos márgenes comerciales del uno por ciento o menos. ¿Qué hace la clase media, que ha conseguido ahorrar antes de la crisis? Buscará dónde hacer crecer el dinero, y esto hoy, para ricos y menos ricos, se hace en el sector financiero, en la bolsa, o especulando con pisos. Ha sido la clase media la que ha labrado su propio fin.

David Harvey, en una entrevista a la bbc -no pongo el enlace porque no la han colgado-, decía que el problema son estos billones de euros buscando dónde encontrar rentabilidad. Krugman hablaba de la necesidad de que la banca volviera a ser aburrida, diciendo que las finanzas se han convertido en un monstruo que ha devorado la economía mundial. Para que la inversión vuelva a la economía real, es necesario que haya espacio para invertir en cosas reales, también pequeñas, no sólo grandes. Esto puede significar repensar si los antiguos sectores de inversión -la industria, la distribución comercial- deben limitar su tamaño o su productividad. Todo esto iría contra -o frenaría un poco-  la destrucción creativa de la que hablaba Schumpeter, y que sirve para avanzar técnicamente eliminando a los que quedan anticuados.

Algo habrá que hacer. Una de las soluciones, más sencilla que limitar la productividad, es la que proponía Tobin,  poner arena en los engranajes financieros, y que es lo que pide la campaña Robin Hood.

Bueno, sólo pensaba en voz alta.