Turgot

Junto con Engel y King (de los que hablé en otros artículos), Turgot forma la tríada de razones por las que la agricultura es distinta de los demás sectores.
Turgot fue un economista francés de la escuela de los
fisiócratas, aquellos que decían que la riqueza de un país se basa en la producción de bienes, especialmente de la agricultura. Los fisiócratas se encontrarían bastante perdidos en el mundo económico actual, de capitalismo financiero virtual, donde los bienes reales apenas tienen importancia relativa. Pobres, si levantaran la cabeza. Pero no dejarían de decir que la crisis actual es producto de no haberles hecho caso a ellos, que defendían la economía real (con esto no quiero decir que haya que volver a la agricultura como sector principal, por supuesto, pero sí que la riqueza tiene que ser real y no virtual).

Una gran aportación de Turgot fue la ley de rendimientos decrecientes (aunque luego otros como Malthus y Ricardo también hablaron de eso).

La ley de Turgot o de los rendimientos decrecientes expresa que, dados los factores de producción tierra, capital y trabajo (todo lo que necesitamos para la agricultura), al mantenerse fijo el factor tierra, el aumento de los otros capital y trabajo producirá un incremento de rendimiento limitado, llegando a un punto en que, de aplicarse en mayor cantidad, el rendimiento decrecerá en lugar de aumentar.

Veamos un ejemplo: si tenemos una hectárea de cultivo de maíz y aplicamos 200 kg de fertilizante y la mano de obra de dos personas, obtendremos un rendimiento determinado. Si a esta misma superficie le aplicamos 2.000 kg de fertilizante y el trabajo de veinte personas, el rendimiento no aumentará proporcionalmente, y lo más probable es que disminuya y económicamente será desastroso.

La forma que tendría una curva que relacione la inversión con el producto obtenido tendría más o menos esta forma:

Obsérvese como la producción (en el trazo grueso) disminuye aunque aumenten los insumos (capital y trabajo).

La tecnología tiene mucha importancia en esta ley: es el factor que nos permitirá que el uso de los dos variables, capital y trabajo, sea óptimo. Si las semillas rinden 3.000 kg por hectárea no es lo mismo que si rinden sólo 500.  Es por eso que la tecnología tiene tan extremados defensores en la agricultura (los que defienden los transgénicos a muerte, y los que se les oponen igual): porque de ella depende obtener la mejor combinación de capital y trabajo. Aún así, la tecnología tendrá un máximo. Nunca se obtendrán 100 Tm de trigo por hectárea, por mucho capital, trabajo (hoy en día, poco por la mecanización) y tecnología que metamos.

La diferencia con la industria es que en esta última el factor limitante no es la tierra, es el capital. Si una fábrica tiene pocas máquinas, poner más trabajadores sólo servirá para que hagan cola delante de las máquinas para usarlas. Pero con poner más capital, los rendimientos aumentan mucho más de lo que lo harían en la agricultura.