Peñones, El Salvador, 1994

Una colega me contaba que le decía un amigo que estaba triste de ver tanta mediocridad en el mundo de la cooperación. Su amigo es evaluador. Son muchas cosas hechas a medias, o mal, o sin cariño hacia el trabajo bien hecho. Ocurre entonces que surgen dos tentanciones: dejar la cooperación, y que cada palo aguante su vela, o dejar los proyectos de desarrollo, y que sea a través del cambio de las estructuras políticas -eso que se llama incidencia política- como se consiga que los Estados de los países pobres se encarguen de sus pobres. Pero quien haya conocido cómo funciona un ministerio o un ayuntamiento en aquellos países -o en el nuestro- , entenderá que queda mucho por hacer y que, como cualquier solución deberá ser administrada por alguien, esperar que de repente quienes son responsables de aplicar estas soluciones lo hagan y lo hagan bien es iluso. Vayamos haciendo lo mejor que podamos con nuestros proyectitos, que a veces sirven de ejemplo, mientras trabajamos también en el cambio de estructuras. A las instituciones rogando y con el mazo dando.