¿Culpable o menos culpable?

En estas últimas semanas ha continuado el juicio a la ganadería como fuente de gases de efecto invernadero, con nuevas pruebas aportadas por la acusación y la defensa. Antes de decidir si nos volvemos todos vegetarianos, debemos sopesar la aportación que tienen tan sufridos animales en el total de emisión de metano. El IPCC, muy atribulado últimamente, ha tenido que reconocer que los cálculos que hicieron en su estudio Livestock’s long shadow, que atribuían un 18% del total de gases de efecto invernadero, no estaban bien calculadas, y que podían ser menores.

Pero esto ha venido después de un estudio para World Watch de dos ex-asesores del Banco Mundial (que hayan trabajado para el banco ni quita ni pone validez a sus cálculos, hay de todo en esta santa casa). Lo que los señores Robert Goodland y Jeff Anhang dicen pone las crines de punta: que la suma de gases producidos por animales de pelo y pluma supera el 51% del total. Que después de que estos señores suelten tamaña cifra, la FAO diga que no está segura del 18% y que podría ser menos, crea algo de desconcierto.

Las prisas no han ayudado a que la información producida sea fiable o definitiva. Tampoco tendría por qué serlo. En un recomendable reportaje de la Columbia Journalism Review sobre  las críticas a la FAO por sus cálculos, Mitloehner, el autor de las críticas, reconoce que los cálculos son un buen primer intento, y que hay que seguir afinando, pero agradece el esfuerzo. Estamos tratando asuntos nuevos y muy complicados, pero debemos asegurarnos bien antes de tomar decisiones sobre los medios de vida de los millones de pequeños agricultores. Cómo producir de forma sostenible tiene que ser la primera preocupación.

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