Conocía el campo y supo contarlo como nadie, con su lenguaje, sus costumbres y sus miserias. Leer Las Ratas o Los Santos Inocentes no sirve sólo para disfrutar de la buena escritura, sino para entender un mundo en el que muchos no hemos nacido pero al que nos sentimos vinculados. Suele ocurrir que cuando muere un escritor su obra vuelve a ponerse de moda. Al menos que esta noticia triste sirva para eso, y así recordar que no era un escritor para jóvenes, sino el mejor cronista de un mundo que casi ha desaparecido.