El mago Merlín, de Gustavo Doré

Este es un trozo de la novela Camelot (en inglés, The Once and Future King), de T.H. White . Lo pongo aquí porque me gusta, y para motivar a los infrecuentes lectores, en el caso de que lo necesiten:

“Lo mejor para la tristeza –contestó Merlín– es aprender algo. Es lo único que no falla nunca. Puedes envejecer y sentir toda tu anatomía temblorosa; puedes permanecer durante horas por la noche escuchando el desorden de tus venas; puedes echar de menos a tu único amor; puedes ver el mundo a tu alrededor devastado por locos perversos; o saber que tu honor es pisoteado por las cloacas de inteligencias inferiores. Entonces solo hay una cosa posible: aprender. Aprender por qué se mueve el mundo y lo que le hace moverse. Es lo único que la inteligencia no puede agotar, ni alienar; que nunca la torturará, que nunca le inspirará miedo ni desconfianza y que nunca lamentará, de lo que nunca se arrepentirá. Aprender es lo que te conviene. Mira la cantidad de cosas que puedes aprender: la ciencia pura, la única pureza que existe. Aprender astronomía en el espacio de una vida, historia natural en tres, literatura en seis. Y entonces, después de haber agotado un millón de vidas en biología y medicina y teología y geografía e historia y economía, entonces puedes empezar a hacer una rueda de carreta con la madera apropiada, o pasar cincuenta años aprendiendo a vencer a tu contrincante en esgrima. Y después de eso, puedes volver con las matemáticas hasta que sea tiempo de aprender a arar la tierra”.

Esto viene a cuento porque, de estar dispuestos a aprender nuevas cosas, vamos a tener que elegir qué. En el mundo de la cooperación hay dos tendencias, que no deberían ir separadas: el método y el contenido. Tengo la sensación, que no se basa en datos probados, de que abunda más la pericia en el método que en el contenido. Viendo el resultado de muchas evaluaciones, se ve que quien evalúa sabe evaluar, pero que no entiende de lo evaluado (sea un proyecto de comercialización, un banco ganadero o el fomento de microempresas). También ocurre lo contrario, pero lo he visto menos veces. Y así ocurre cada vez más que en las organizaciones (del norte, no del sur) falta gente que sepa de cabras, motobombas o semillas, y hay cada vez más gente que sabe de marco lógico, Grandes Líneas de La Cooperación Bilateral, o métodos de evaluación. Ambas facetas son necesarias, pero una, la de los contenidos, está más descuidada que la otra.

Las maestrías de cooperación no ayudan. Echando un vistazo rápido a un puñado de temarios, se ve que están centrados en las generalidades y tienen poca especialización en los detalles. Algunas excepciones hay, pero esas las comentaré en otro artículo.