Serra de Tramuntana 2

Sierra de Tramuntana, Mallorca. Va a llover.

Paul Krugman escribió este artículo, The fall and rise of developments economics,  una historia interesante sobre las metáforas y los modelos en la economía. Algunos economistas, ya casi extinguidos, intentaban explicar la realidad mediante metáforas. Otros, los modernos, y que ahora dominan la academia, lo hacen mediante modelos, que significan una simplificación de la realidad (y que los profanos no entendemos porque están escritos en griego), pero que tienen una base matemática que refuerza su argumentación.

Krugman cree que unos y otros deben convivir, y  pone un ejemplo clarificador:  la sabiduría popular siempre ha dicho que se puede predecir el tiempo observando el cielo. La meteorología, cuando se desarrollaba como ciencia a finales del siglo XIX y XX, dejó de prestar atención al aspecto del cielo para basarse sólo en modelos. Lo que el populacho sabía por intuición y experiencia, se abandonó. No fue hasta 1919 cuando un grupo de científicos noruegos se dio cuenta de que las observaciones populares tenían razón y era posible predecir el desarrollo de una tormenta por la altura y forma de las nubes.

Krugman critica así la simplificación que la economía hacía de la realidad, a la que se pretendía representar con modelos sencillos, mientras ignoraba la realidad misma, mucho más compleja, y que a veces es difícil de representar mediante modelos.

Paul Streeten escribe, en este otro artículo, que la economía antes la escribían escoceses en inglés, y que ahora la escriben húngaros en matemático. Habla, entre otras cosas, sobre la necesidad de que los economistas sean capaces de explicarse en prosa y hacerse entendibles:

In educating economists, we should sacrifice some of the more technical aspects of economics (which can be learned later), in favour of the compulsory inclusion of philosophy, political science, and economic history. Three reasons for these interdisciplinary studies are given here. In the discussion of the place of mathematics in economics, fuzziness enters when symbols a, b, c are identified with individuals, firms, or farms. The identification of the clear cut symbol with the often ambiguous and fuzzy reality invites lack of precision and blurs the concepts. If the social sciences, including economics, are regarded as a “soft” technology compared with the “hard” technology of the natural sciences, development studies have come to be regarded as the soft underbelly of “economic science”. In development economics, the important question is: what are the springs of development? We must confess that we cannot answer this question, that we do not know what causes successful development.

Dani Rodrik, por su parte, explica en su blog que eligió estudiar economía y no ciencias políticas porque así podía entender las revistas de la primera, que estaban escritas en griego (alusión a cómo se escriben las ecuaciones):

I remember well what settled it for me. One day in the library, I picked up copies of the flagship publications of the two disciplines–the American Political Science Review and the American Economic Review–and put them side by side.  One was written in English, the other in Greek. I thought that if I did a PhD in economics, I would be able to read both journals, but that if I did a PhD in political science, it would be goodbye economics.  That was my epiphany. (I should add that many political science programs now provide solid technical training that no longer leaves the AER beyond reach–but that was not true at the time.)

Yo no estudié economía, y siempre he lamentado no tener suficiente base matemática como para entender los artículos en griego (digresión: a la anciana tía de una amiga le llamaba la atención la popularidad de esta lengua, junto con el tailandés, en los anuncios clasificados. No podía imaginar que tanta gente quisiera aprenderlas, ni por qué aparecían en la sección de contactos).

La mayor parte de los que nos dedicamos a la cooperación en el mundo latinoamericano hablamos el lenguaje de las nubes, a diferencia del mundo anglosajón, donde hay abundancia de economistas del desarrollo y se comunican entre ellos en griego. No significa, como decía Krugman, que nuestra visión, la de las nubes, esté equivocada, pero una mayor profundidad en nuestros análisis es deseable. Sería útil hacer un esfuerzo de aproximación entre la Universidad, donde se estudia la economía del desarrollo, y el resto del mundo de la cooperación hispanoamericano para aportar, unos rigor, y otros la intuición basada en la experiencia. En la Universidad faltan grandes maestrías en español sobre desarrollo. Hay pequeñas maestrías, esfuerzos locales, encomiables todos, la mayoría de universidades pequeñas; pero qué bien estaría contar con algún gran instituto como pueden ser el Imperial College de Wye o el IDS de Sussex, ambos en la Gran Bretaña, o el MIT en Harvard, y tantos otros, donde se habla griego y también el lenguaje de las nubes.

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