Dice Umberto Eco que para resolver algunos problemas debemos demostrar que no tienen solución. Es el caso del fósforo y la agricultura. El fósforo, junto con el nitrógeno y el potasio, es un elemento básico que las plantas necesitan para crecer. Este es el ciclo del fósforo:

Ciclo del fósforo

Ciclo del fósforo

El fósforo no se puede fijar tomándolo del aire, tal como hacen las leguminosas con el nitrógeno. El que hay en el suelo es aquel con el que se cuenta . Los árboles lo pueden extraer de más profundidad, y lo depositan en la superficie del suelo, donde pueden utilizarlo otras plantas. La minería aporta otra gran parte, de los yacimientos de fosfatos. De ahí se aplican a los cultivos, y por escorrentía terminan en el mar. Ahí empieza parte del problema.

En el artículo A safe operating space for humanity, aparecido en Nature, se habla de los límites que la humanidad no debe superar. En cuarto lugar aparece el ciclo del fósforo: estamos arrojando demasiados fosfatos, la mayoría procedentes de la agricultura, a los océanos. El artículo dice que entre ocho y nueve millones y medio de toneladas acaban en el mar. Si sobrepasamos los once millones, se puede producir una falta de oxígeno grave que produciría una gran extinción de especies, y el agravamiento del cambio climático por pérdida de capacidad de éstos para absorber dióxido de carbono. Ya existen zonas así.

Sin embargo, los fosfatos son necesarios. Cuando cultivamos, extraemos fósforo en forma de alimentos que no regresa al terreno, y éste se empobrece. Los defensores de la agricultura orgánica argumentarán que hay que reciclar los nutrientes, lo que hay que hacer en la medida que sea posible, pero es imposible hacerlo completamente. Algo de fósforo se perderá siempre, y hay que reponerlo. Además, en las zonas tropicales los suelos son ácidos y están muy lavados de fósforo: lo necesitan incluso más que en los países ricos, y lo usan mucho menos porque los agricultores no tienen con qué pagarlo.

Seguramente los países tropicales deberían usarlo más (sin que se opongan los agroecólogos integristas), y los ricos y templados menos, para evitar traspasar el umbral. No será fácil renunciar a parte de la productividad de país rico, pero habrá que hacerlo, producir menos, y ajustar los costes de la comida a límites sostenibles. Comer será más caro.

Por si fuera poco, las minas de fósforo no serán eternas: si ponen en google “peak phosphorus“, es decir, el punto en el que el fósforo esté próximo a acabarse, salen miles de resultados. Algunos hablan de entre 50 y 130 años, otros de 30 (probablemente exageran). Y como para que aparezca la especulación no hace falta más que crear el miedo, tenemos todos los números para otras crisis alimentarias basadas en el desabastecimiento de fósforo. Todavía falta, pero llegarán. Habría que ir pensando en cómo conseguimos que los ricos usen menos, los pobres más, y todos contentos.

Anuncios