Dibujo de Juan Salvador Aguilar

Dibujo de Juan Salvador Aguilar

Un artículo en El País me ha recordado que en algunas islas del Pacífico surgió, después de la segunda guerra mundial, una extraña religión. Los habitantes se habían acostumbrado, con gran regocijo, a que el ejército estadounidense repartiera comida y baratijas que traían los aviones de abastecimiento.
Cuando acabó la guerra, los isleños se quedaron esperando inútilmente a que volvieran los aviones, pero no volvían. Construyeron pistas de aterrizaje como las que había antes, torres de control hechas con cañas de bambú, e incluso maquetas de aviones. Pensaban que si construían algo que pareciera un aeropuerto, los aviones volverían a aterrizar. Bastaba su apariencia de aeropuerto.
Desde que algunos antropólogos se dedicaran a explicar este tipo de pensamiento mágico (algunos lo califican de religión), y que el físico Feynman lo utilizara para explicar ciertos tipos problemas que surgían en la investigación científica, el pensamiento mágico del cargamento (Cargo Cult, en inglés) se ha popularizado como metáfora, con riesgo de convertirse en tópico, a lo cual contribuyo. Quizá sea mejor una expresión española más castiza pero muy descriptiva (y creo que no muy conocida en América): hacer el paripé.
Los indígenas melanesios hacían este paripé porque su forma de pensamiento pre-científica les inducía a creer que de verdad, si imitaban las formas, lo que deseaban ocurriría. Como casi todas las metáforas, ésta también se puede aplicar a la cooperación.
Hay veces que los proyectos diseñan las carcasas de una cooperativa o de una fabriquita. Igual que los melanesios deseaban que ocurriera algo, y lo imitaban, a veces los propietarios del proyecto desean que una carcasa de cooperativa funcione como tal, simplemente imitando el modelo. Suele faltar lo esencial, que en estos casos suele ser iniciativa empresarial o la demanda del producto. Es posible que afecte más a proyectos de agroindustria y comercialización (ahí espero alguna opinión) porque en estos él éxito depende de que otro compre el producto (decisión ajena al proyecto, igual que los gringos ni sabían que los melanesios esperaban que respondieran a su paripé).
Este primer caso puede ser equiparable al cargo cult. Se da también en muchos proyectos de incidencia: las actividades que se llevan a cabo tienen pocas posibilidades de tener efectos reales en lo que se quiere incidir, pero todo está preparado como para que parezca real: la presentación del acto en el hotel, los canapés, los disertantes en traje de gala…pero la mayor parte de las veces nada ocurre, porque falta lo esencial, que es que los poderosos (igual que en el cargo cult eran los pilotos gringos) se den por aludidos.
Pero a veces los oficiantes de estas ceremonias ni siquiera se lo creen. Hacen el paripé, pero con poca confianza en su propio éxito. En este caso no nos encontramos ante un ejemplo de pensamiento mágico sección “cargo cult”, sino de otro problema: el de la relación principal-agente (se puede encontrar mucha bibliografía en Internet en inglés, como “principal-agent perspective”. En resumen, cuando alguien (un estado, una ONG) tiene un programa que ejecutar, pero lo hace a través de otros, y estos otros tienen sus propios intereses, creencias o disposición al trabajo.
En ambos casos, cargo cult y problemas principal-agente, las pruebas de que estos comportamientos ocurren son sutiles y muchas veces pasan desapercibidas. Por eso se siguen dando este tipo de proyectos. De esto seguiremos hablando después del verano boreal. Este blog se va de vacaciones hasta septiembre.