Leyendo la entrada sobre fatiga de la cooperación que escribe Alfonso Dubois en el diccionario de Hegoa, veo que este peculiar cansancio acaba de cumplir 40 años. La Comisión Pearson, en 1969, dijo que esto de la cooperación no acaba de funcionar bien. Cuatro decenios después, no rebosamos de entusiasmo, pero algunas cosas han cambiado, y algo hemos aprendido.
¿Cuánto de esta fatiga proviene de los fracasos en los proyectos de desarrollo económico? Ahí me faltan datos, pero la sensación en el sector creo que es alta.
¿Qué posibilidades tienen los proyectos productivos de funcionar? ¿Hasta dónde puede llegar el proyecto de patio , o los agroecológicos, o una agroindustria? Algunos proponen sólo leves mejoras en la subsistencia, mientras que otros son muy ambiciosos.
¿Sucede de verdad el cuento de la lechera, en el cual invirtiendo dos dólares en la beneficiaria, ésta termina con una vaca? Por mi experiencia profesional, dado que las estadísticas no abundan, esto no suele ocurrir.

La lechera

La lechera

Hay muchos factores que determinan el éxito o fracaso de los emprendimientos productivos. Hablar de ellos en profundidad nos haría extendernos mucho, por lo que inauguramos nueva sección –el éxito-, e introducimos aquí unos cuantos que iremos desarrollando:

  1. El del nivel de iniciativa empresarial. Hay una tasa también “natural” de iniciativa empresarial. Varía según países en torno al 10% de la población en los países ricos, y algo más en los pobres. Sin embargo, las ONG suponen que en los países pobres todos los beneficiarios se comportarán como empresarios.
  2. El de la rentabilidad “natural” de una inversión: no es frecuente alcanzar rentabilidades mágicas con una inversión de unas decenas de dólares por persona, como suele ser el caso de los microcréditos. Esto no significa que no haya casos, que los mayores defensores del crédito exponen con satisfacción, pero no tienen por qué ser representativos, aunque tampoco se puede afirmar lo contrario debido a la dificultad de probar fracasos en estas inversiones (por dos razones: primero, ¿cómo se demuestra que un pobre ha quebrado? Y segundo, lo que se guardan las ONG de analizar y menos publicar las cifras de éxitos y fracasos).
  3. La tasa “natural” de fracaso empresarial. En todas partes, trátese de proyectos o de la vida económica en un país rico, parte de las empresas que empiezan fracasan.
  4. El del capital humano con el que se cuenta: convertir un campesino en empresario exige no sólo iniciativa, sino conocimientos. No son imposibles de conseguir, pero llevan tiempo. Algunos de los ejemplos más exitosos se caracterizan por los muchos años transcurridos hasta que se ha retirado el apoyo externo a los beneficiarios
  5. El de las condiciones del medio: aunque parezca de perogrullo, no se pueden esperar grandes éxitos donde no se dan las condiciones (existencia de mercado, de comunicaciones, de productos de calidad, de suministros regulares…).

Hay que ser consciente de estos factores para no hacerse ilusiones vanas. En general, para ser realistas tendremos que fijarnos especialmente en la relación necesaria entre el tamaño del problema y la cantidad de recursos aplicados, tiempo incluido.