La pérdida de suelo por erosión fue la causa de que los padres de Tom Joad perdieran su granja en Oklahoma. El viento sopló, no llovió, y perdieron cuatro cosechas consecutivas. Como estaban endeudados con el banco, fueron embargados. Así lo cuenta la novela Las uvas de la ira, de John Steinbeck, o la película de John Ford. Tom Joad se ha convertido en un símbolo de las luchas agrarias desde entonces, con canción de Bruce Springsteen incluida (la letra, aquí):

En toda Norteamérica se perdieron unos 400.000 km2 de tierra fértil. En los años 30, el gobierno de los EEUU decidió subsidiar las prácticas de conservación de suelo, al entender que el costo social de no cuidar la tierra es mayor que el costo individual.

Rainer Schickele era un economista agrícola alemán, emigrado a los EEUU en los años treinta, que colaboró en el establecimiento de los programas de conservación de suelos. En su Tratado de Política Agrícola escribía, en 1954:

“Es difícil medir en dinero el valor de las pérdidas por erosión y los beneficios de las operaciones de conservación. Podemos decir con seguridad que ambas cosas son mayores para la sociedad que para el individuo, debido a la diferente proyección en el tiempo de sus respectivos puntos de vista. Al explotar un terreno, el agricultor a menudo puede lograr mayores ingresos netos, durante un buen número de años, de los que obtendría haciendo gastos de conservación”.

En los países donde hay frontera agrícola, cuando una parcela no da más, la familia se muda a otra tierra adentro, tumbando bosques para conseguir nueva tierra cultivable. Económicamente, es una opción razonable para la gente. Ecológicamente, no lo es, de lo que se puede deducir que es necesario compensar a las familias agricultoras para que cuiden la tierra cuando obtendrían más ingresos si no lo hicieran.
La ampliación de la frontera agrícola no debe ser la solución, que favorece aplicar la agricultura como si fuera minería. Pero dado que económicamente puede ser racional agotar una parcela para ir a otra disponible, si no queremos que ocurra habrá que pagar por ello.
En mi opinión, la pérdida de suelo es un problema a corto plazo mayor que el cambio climático (que es más grave a largo plazo). Lo estamos perdiendo por malas prácticas agrícolas, como no reponer los nutrientes extraídos o provocar erosión por mala labranza. También por dedicar los mejores suelos a la industria o residencia. La creciente sensación de que faltará tierra fértil, sumado al aviso que fue la crisis alimentaria de 2008, que todavía continúa, nos está llevando a la apropiación de tierras en países tropicales por parte de grandes inversores y gobiernos de países ricos. Para ver la gravedad del problema (y una amplia revisión de quienes han hablado de la apropiación de tierras), se puede visitar esta entrada de Duncan Green.