La falacia de la composición dice que lo que es bueno para una parte es necesariamente bueno para el todo. Es una falacia, es decir, la afirmación parece cierta pero no lo es. Esta idea errónea ha causado muchos problemas en los tres sectores de la economía (materias primas, industria y servicios), porque induce a comportamientos colectivos con consecuencias nefastas. Los economistas que la han estudiado se refieren a esta falacia también como el problema de la suma (adding-up problem, en inglés).
Veamos algunos ejemplos: Razmi se pregunta si es posible generalizar el crecimiento económico a través de exportaciones. Gilbert y Varangis han estudiado cómo afecta a los productores de cacao. Akiyama explica que las intervenciones en los mercados de commodities para estabilizar precios se produjeron debido a las caídas de precio producidas por este problema de la suma. En el sector de la cooperación nos interesa esta falacia porque produce problemas en los proyectos económicos que promovemos:

1) En la producción de granos básicos o tubérculos Batten nos proporciona este ejemplo en el libro Discovering Artificial Economics: How Agents Learn and Economies Evolve: Si UN granjero tiene éxito produciendo una gran cosecha de maíz, puede tener como recompensa un ingreso mayor (con relación a los otros campesinos). Sin embargo, si CADA campesino tiene la misma gran cosecha, el resultado más probable será un exceso de oferta agregada de maíz a un precio dado, la subsiguiente caída del precio y menores ingresos para todos los productores. La falacia se produce cuando se alega que lo que es bueno para uno lo es para todos

2) En la diversificación, que en una de sus acepciones, quizá la más frecuente, es promover cultivos como el cacao, el café o frutas y verduras, en inglés llamados “cash-crops”, y que podríamos traducir como cultivos de renta. En muchos proyectos de cooperación se fomenta el cultivo de los “productos milagro” (jengibre, especias, frutas poco frecuentes en el mercado…) que producen buenos resultados hasta que se generaliza el cultivo o mientras hay demanda. Las empresas transformadoras promocionan ciertos cultivos a precios favorables para tener productores cautivos, dando créditos y asistencia técnica. Cuando el cultivo está establecido y el productor endeudado, bajan los precios. Los campesinos tienen mucha tendencia a elegir para cultivar lo que le ha ido bien al vecino. Lo que empieza produciendo uno lo termina produciendo todo el mundo, con la consiguiente caída de precio. Este problema se puede dar a nivel mundial, como ocurrió en el caso del café (promovido hasta la crisis de excedentes de finales de los 90 por el Banco Mundial) o a nivel local, en nuestros proyectos.

3) Los proyectos de agroindustria, también llamados transformación de la producción, en los que la cooperación intenta pasar de vender espárragos frescos a venderlos en lata. En los proyectos de transformación, se tiende a hacer lo que es fácil o requiere poca técnica. Los proyectos tienen mucha tendencia a caer en el problema de la suma, porque tienden a buscar inversiones bajas y de sencillo manejo, lo que las hace fácilmente replicables Así, los proyectos de aceites esenciales, hierbas medicinales, mermeladas y frutas desecadas alcanzan rápidamente los puntos de saturación del mercado. Y aún así, se siguen promocionando porque a alguien (que empezó cuando la demanda era suficiente) le fue bien.

4) Por último, otra forma de diversificación es dejar el sector primario para dedicarse a la industria o los servicios (p.ej., al turismo). Este último punto quedará para otro artículo posterior.